APRENDIZAJE COOPERATIVO Y LOS PROCESOS DE FORMACIÓN

"El conocimiento sólo lo crean las
personas. Una organización no puede
crearlo por sí misma sin éstas"
Nokama y Takeuchi

Los procesos de administrar aprendizaje y creación de conocimiento se encuentran en una situación muy difícil, por cuanto deben afrontar constantemente en este mundo turbulento y de grandes cambios la justificación de su eficacia en un ambiente organizacional de grandes adelantos tecnológicos. Para las organizaciones que han implantado la filosofía de "aprender a aprender" con la finalidad de mejorar su rendimiento y desarrollar a su personal, estos procesos de aprendizaje y de producción de conocimiento sólo son una posibilidad entre muchas disponibles. Pero por otra parte se presentan grandes retos a las empresas emprendedoras, que sean capaces no sólo de adaptarse a los cambios, sino de impulsarlos por medio de procesos de formación y capacitación. La opción está en aprovechar el momento o quedarse atrás. Sin lugar a dudas, que gran parte de los procesos de administración de aprendizaje y creación de conocimiento tienen lugar en el contexto de cualquier organización. En las escuelas, liceos, universidades, iglesias, empresas y otras organizaciones, la estructura y el funcionamiento de la organización imponen numerosas restricciones al aprendizaje y a la administración del conocimiento. El Dr. P. Senge, refiriéndose a las empresas, observó que las organizaciones no saben cómo aprender; otros han demostrado la existencia de limitaciones similares en otras organizaciones, que restringen el aprendizaje de las personas que en ellas trabajan. Por tanto las nuevas teorías, las ideas y las herramientas del aprendizaje y de creación de conocimiento, se pueden aplicar a cualquier tipo de organización, así como también a las personas que forman su estructura informal. Por lo tanto es muy importante que las organizaciones apoyen y estimulen las actividades de creación de conocimiento de las personas o que faciliten los contextos adecuados para ellas.

Acreditados especialistas en los procesos de aprendizaje han manifestado reiterativamente que los alumnos y/o participantes no aprenden en solitario, sino que, por el contrario, la actividad autoestructurante de la persona estará influenciada de los otros, y por ello el aprendizaje es en realidad una actividad de reconstrucción de los saberes de una cultura. En los escenarios de aprendizaje y creación de conocimiento, la posibilidad de enriquecerlos, ampliar las perspectivas y desarrollar más integralmente a las personas, está directamente relacionada por los procesos comunicacionales y el contacto interpersonal con los jefes, facilitadores, supervisores, docentes y por supuesto con los compañeros de grupo. Los autores F. Barriga y G. Hernández (1998) conceptualizaron el aprendizaje cooperativo de la siguiente manera: "Situación de aprendizaje en la cual los participantes establecen metas que son benéficas para sí mismos y para los miembros del grupo, buscando maximizar tanto su aprendizaje como el de los otros. Se sustenta en el concepto de interdependencia positiva: todos para uno y uno para todos". Las ideas anteriormente expuestas es el motivo por el cual la psicología, y en particular las aproximaciones cognitivas, sociogenéticas y sociolingüisticas, se han interesado por el estudio de la dinámica real de los escenarios de aprendizaje, en términos de las interacciones que ocurren entre los facilitadores y los participantes y por supuesto entre los mismos participantes.

Los participantes en un proceso de aprendizaje y de creación de conocimiento parten de sus marcos personales de referencia los cuales les permiten una primera aproximación a la estructura de aprendizaje y social de la actividad que enfrentan. Pero es a través de la acción conjunta y los intercambios comunicativos, en un proceso de negociación, que se construyen los marcos de referencia interpersonales que conducirán a lograr un significado compartido de la actividad. En consecuencia el rol central del facilitador del proceso es el de actuar como mediador o intermediario entre los contenidos de aprendizaje y la actividad constructiva que desplieguen los participantes para asimilarlos. Para reafirmar esta realidad, los autores Coll y Solé, afirman lo siguiente: " La enseñanza puede ser descrita como un proceso continuo de negociación de significados, de establecimiento de contextos mentales compartidos, fruto y plataforma a la vez de este proceso de negociación". Sin embargo los modelos convencionales de aprendizaje –que todavía predominan en muchas organizaciones, tanto empresariales como educacionales- enfatizan en un aprendizaje individualista, memorístico y poco competitivo.

Por su parte los procesos de formación significan cosas totalmente diferentes para cada participante, y puesto que tienen que relacionarse con el aprendizaje humano, es un terreno tan complejo como las mismas personas. La formación es el proceso que amplifica el aprendizaje y suministra un contexto para dicho proceso, basado en tres componentes básicos: a) en primer lugar está el conocimiento y cómo aplicarlo; la adopción de decisiones en la resolución de las contingencias es un ejemplo de esta clase de aprendizaje, aunque algunos lo consideran más bien una habilidad; b) el segundo componente es el aprendizaje de habilidades. La experiencia práctica en colectivo, es esencial para el desarrollo de habilidades, desde las físicas, como la transcripción de datos, a las interpersonales como la formación y c) el último componente es el aprendizaje en el plano de los valores y actitudes; esta clase de formación es probablemente la que plantea mayores exigencias técnicas al formador y la más difícil de evaluar.

Sin lugar a dudas que las organizaciones que implanten los procesos de aprendizaje y de creación de conocimiento cooperativo, está reafirmando la importancia de la interdependencia positiva y, los que participen en este proyecto trabajarán juntos para lograr metas compartidas.