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¿TOMAR
DECISIONES O CONCEBIR Y ADOPTAR DECISIONES?
"Cuando el gobierno viola los
derechos
Del pueblo, la INSURRECCIÓN es el
Más sagrado de los derechos y el más
Indispensable de los deberes"
Lafayette
El ser humano es un decisor, no tiene
escapatoria: ¿me levanto o sigo acostado?, ¿decido o no decido?, pero
decidir que
no se decidirá es
una decisión.
Para decidir, se necesita información; no hay otro
camino: ¿amaneció o no? Entonces, ¿me levanto o sigo acostado? Para decidir, se
necesita tener conocimiento, pero eso no es suficiente, pues también se necesita razonar,
analizar, dilucidar el sentido y la razón de lo decidido y crear la decisión; sin
embargo, tanto no es suficiente, por que hay que asumir las consecuencias de la decisión:
de aquí que cada decisión ha de ser analítica, axiológica y operativa.
¿Porqué ha de ser analítica, axiológica y
operativa? Lo primero por que debe ser el producto de un análisis; es decir, debe derivar
de la separación del todo contextual del asunto sobre el cual se decide, fragmentándolo
en cada una de las partes que lo constituyen, estudiando cada una de éstas, despejando su
valor y significado y la manera de cómo enfrentar lo determinado por ella, buscando la
solución de la misma, y cuando se haya hecho así con todas las partes, reensamblar el
todo contextual (haciendo lo que se ha dado por llamar: "síntesis" o
reconstrucción, lo contrario de análisis), lo cual permite ver al todo como algo
radiografiado (transparentado) y conocido hasta en el más recóndito de sus elementos,
máxime cuando se trata de un asunto importante.
Una decisión importante no puede ser caprichosa.
Una decisión personal es importante cuando implica asuntos valiosos y significativos:
¿me caso o no, encargo descendencia, estudio o no, cambio de sexo, sigo vivo o me
suicido? Del mismo modo, una decisión organizacional es importante cuando debe ser
ventilada por los niveles ejecutivos superiores de una organización, pues son nuevas, no
rutinarias (son "no estructuradas") y las consecuencias de su implementación
entrañan trascendencia; en otras palabras: la supervivencia organizacional. Por esto se
dice que quienes ocupan tales cargos son "trabajadores del conocimiento".
Lo segundo, axiológica (de "axis":
del gr. Ejes); pues debe partir de los principios y valores que rigen el accionar
individual y organizacional, según sea el caso. Una decisión ética (como "debe
ser") no puede sino estar ceñida a los más altos preceptos que rigen la vida
personal y organizacional. Lo tercero, operativa, porque cómo decidir sobre algo que no
se va a ejecutar o poner en marcha.
De lo anterior deviene que todo humano es un hacedor
de decisiones, sí "hacedor" por que tienen que ser hechas, construidas,
concebidas: no "tomadas". El verbo tomar tiene varias acepciones, entre ellas:
arrebatar (arrancar), hurtar, despojar, quitar, coger, pescar y apresar. Ante esto, una
decisión ¿puede ser arrebatada, hurtada, quitada, cogida, pescada? Acaso, ¿será ésta
la razón por la cual en inglés al proceso decisorio se le llama "making decision
process" (proceso de hacer decisiones) y no "taking decision process"
(proceso de tomar decisiones)?
Es opinión de quien escribe esta columna, que las
decisiones no son exhibidas en los estantes de un supermercado de donde puedan cogerse tal
como se hace con las frutas o las verduras, ni andan por allí libremente como las
melodías que se escuchan a través de un altoparlante que cualquiera pueda hacer suyas y
disfrutarlas mientras suenan, ni están almacenadas en los anaqueles de una biblioteca de
donde puedan extraerse para implementarlas, pues en los manuales en los que se asienta el
plan de contingencias lo que se hallan son las recomendaciones de lo que ha de hacerse
ante una emergencia, pero en ellos siempre se encuentra una coletilla donde se lee lo
siguiente: "La decisión a implementar debe ser acorde con la circunstancia existente
en el escenario real"; en otras palabras, los expertos en el manejo de emergencias
industriales y colectivas no se atreven a asentar taxativamente lo que ha de hacerse, pues
saben que una cosa es lo teórico, lo enunciativo, y otra cosa puede ser la realidad.
Lo anterior determina que toda decisión reclame
percepción (que ha de evitar el sesgo de lo subjetivo y lo supuesto, buscando lo
objetivo, lo tangible, lo verdadero); luego, pide competencias especiales; entre ellas:
razonamiento juicioso lógico, considerando lo próximo y lo lejano; para finalmente pasar
al campo de la formulación del enunciado de la decisión (su concepción), pero esto no
se queda aquí: han de revisarse las posibles implicaciones y las consecuencias probables
de la implementación de lo decidido. De aquí parte la razón de la expresión
"adopción de decisiones", pues quien/es la implementa/n han de asumir las
consecuencias, tal como los padres o representantes o tutores de un menor: han de asumir
la responsabilidad de lo que se produzca como resultado de lo que éste haga mal: han de
responder moralmente, civilmente, profesionalmente, administrativamente, penalmente, etc.
los cargos que devengan como secuela de lo realizado.
Entonces, convengamos en admitir que cuando se
est< en un "punto decisorio" (el que surge cuando se detecta un asunto que
debe ser resuelto), se exige reconocer el problema y su significado, lo cual debe ser
seguido por el análisis y la síntesis del asunto, el estudio pormenorizado de las
opciones disponibles y factibles, para luego escoger la que se vea como solucionadora y
cuya implementación ha de mostrar el/los menor/es riesgo/s como producto de su
implementación, para luego pasar al monitoreo (retroalimentación) de la puesta en marcha
de lo decidido, teniendo presente que el control de lo ejecutado siempre es inversamente
proporcional a la calidad de la información que alimentó el proceso de su concepción,
una concepción que -al igual que la de un bebé- es activa (resultado de un acto) y que
es -en este caso- voluntario y -por ende- genera responsabilidad (una voz que deriva de
responder, de tener que responder por lo que devenga). Por todo esto se afirma que en el
proceso decisorio hay una paternidad progenitora, una figura que pide tener presente que
toda decisión puede ser: 1- proactiva (cuando pretende crear un escenario nuevo,
distinto, y no es consecuencia de un problema, pues puede ser en respuesta a un supuesto
teórico: un conflicto creado para mejorar); 2- reactiva (cuando responde a un problema
que debe resolverse, siempre: con el menor riesgo posible); o 3- circunstancial (donde
imperan condiciones determinantes, obligantes).
Los estudiosos de la teoría de las decisiones
convergen en opinar que la mayoría de las decisiones son buenas (aceptables, superiores,
y fuera de serie), pero siempre rubrican asentando que un 16% pueden ser pobres o
inadmisibles. Como se puede observar, la calificación deriva del resultado de lo
dispuesto, pues toda decisión tiene algo inmanente: la "futurabilidad"; es
decir: un efecto a futuro, el cual puede ser bueno o malo y
alguien se llevará los
laureles o la culpa y si es lo último
tiene un costo y
generalmente
es
muy caro.
Ya tenemos los elementos para responder si las
decisiones se toman o se conciben y se adoptan. |
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