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VALORES Y CONTRADICCIONES
"Cuando las organizaciones se plantean
la necesidad de cambiar cultura suelen
pensar en la mejor manera de explorar
los valores de su gente y de influir en
ellos para sustituirlos por los deseados"
E. Granel
En la cima de las empresas es donde se desarrollan y reafirman los
conceptos filosóficos tales como la identidad y los valores propios de la misma.
Entendiéndose por identidad como el conjunto de rasgos invariantes que forman la
organización, transformándola en particular y única a la percepción de las personas.
Específicamente, la "identidad-construcción" está basada en los diferentes
elementos que la misma organización fabrica para sí, los que identifica y selecciona
como su credo organizacional fundamental y preserva a través del tiempo. Todos las
impactos tanto del entorno como de su interior son de ese concepto de identidad procesados
de una forma tal de mantener inquebrantables los rasgos básicos que la organización ha
creado para ella misma. La "identidad-construcción" de acuerdo con el
especialista L. Schvarstein articula lo que ya no es obvio, expone el derecho de una
fuerza que, por vías de su afirmación, constituye un cuestionamiento implícito y la
exclusión de lo que no considera válido. Su propósito es el de establecer reglas de
juego ciertas e indiscutibles, con cierta tendencia al sacralizarse o naturalizarse. De
esta manera instituye, para aquellos a quienes involucra, factores de identidad y de
pertenencia que los aglutinan alrededor de un quehacer común.
Las repeticiones y recurrencias dentro de la arquitectura de la
organización representan sus valores propios. Los mismos "Buenos días" y
"Buenas noches", las mismas áreas transitadas cotidianamente, las mismas
puertas abiertas y cerradas, las mismas rutinas de trabajo, los mismos roles, las mismas
sanciones para su incumplimiento, los mismos sistemas de información y por lo tanto de
significación, van generando en los integrantes un cúmulo de conductas que exhiben un
alto grado de estabilidad. La empresa estimula muchísimos de estos elementos y de
comportamientos que se repiten incesantemente, representando por supuesto una trama
argumental básica dentro de la cual los acontecimientos que ocurren son considerados como
variaciones de un mismo tema. Es este sistema de valores propios lo que evalúa, justifica
y determina el sentido de identidad y pertenencia creados por la organización misma.
Tomando en cuenta las ideas y conceptos desarrollados en los párrafos
anteriores es que si una empresa quiere cambiar, tiene que desarmar la estructura de
significación, es decir debe pretender modificar las conductas y valores propios. Para
lograr tal fin debe "perturbar" las innumerables interacciones recursivas que
los generan. La experiencia ha demostrado que muchas veces son precisamente los
acontecimientos que se oponen a tener significado por la misma estructura que existe que
terminan volatizándola. Cuántas veces no ha pasado que sólo después de fracasar
reiterativamente se reconoce la necesidad de cambiar. Desde esta perspectiva, cambio en
las organizaciones significa cambio en sus estructuras de significación. Si el Poder
Judicial Venezolano funcionara como es debido, brindaría un buen ejemplo de equilibrio de
esta dialéctica entre la estructura y el acontecimiento a través del concepto de
jurisprudencia y su tratamiento.
La reafirmación de valores y conductas propias por parte de los
miembros de la estructura informal organizacional, más de obstaculizar los procesos de
cambio, representan un valor multiplicador: estimula una ventaja competitiva social
organizacional, una estructura cognitiva específica que tiende a asignar significado a
los distintos acontecimientos de la cotidianidad. La reafirmación de la ventaja
competitiva social organizacional es un verdadero índice de identificación y pertenencia
a la organización. En este orden de ideas la pertenencia a la cual se hace referencia es
una pertenencia operacional: son los miembros de la estructura informal de las
organizaciones en tanto respeten los valores propios de la organización, lo cual no
significa desde ningún punto de vista compartirlos; y demuestren una posición
actitudinal propia. Ellos enseñan la forma de observar, de interpretar y, en última
instancia, de construir la realidad. Con esta actitud las personas dentro de las
organizaciones ponen a resguardo del desconcierto que producen los fenómenos que no
pueden ser significados. Al incorporarlo e internalizarlo, transforman la estructura de
significación en invisible.
Dentro de la estructura de significación figuran entre otros los
siguientes valores "invisibles": solidaridad, unidad, diversidad, conciencia
social, etc. El solo hecho de mencionarlos, el lector puede recordar ocasiones en las que
ha vivido, sentido y sufrido su ausencia: falta de solidaridad, falta de unidad, falta de
respeto por la diversidad, falta de conciencia social. Sin lugar a dudas que un valor se
siente no sólo cuando está presente sino también cuanto está ausente. Cuando está
presente estimula el goce y la satisfacción; pero, cuando falta suele traer dolor y
sufrimiento. En consecuencia los valores producen aproximación y los disvalores, rechazo.
Se selecciona la equidad y se menosprecia la inequidad; se elige la honestidad y se
rechaza la corrupción; se acepta la autenticidad y se rechaza la impostura. La realidad
nos demuestra que nadie quiere ser autor de los disvalores. Tal vez pueda haber alguna
excepción a este planteamiento y es cuando algunas personas puedan sentirse impunes,
respaldados por un momento histórico que pueda legitimar la impunidad. ¡LAMENTABLEMENTE,
TENEMOS EJEMPLOS RECIENTES DE ESTO!
Los valores y las
conductas propios que por un lado permiten organizar y a su vez son el resultado del
proceso de organizar, por el otro obstaculizan los procesos de cambios, representando las
grandes contradicciones de los valores.
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