"Cuando se problematiza la relación
entre las distintas racionalidades
en juego, pasamos a percibir la
situación como de manifiesta
inestabilidad"
L. Schvarstein
Se comienza este espacio semanal transcribiendo la
siguiente historia que aparece en el texto "Las Reglas No Escritas del Juego" de
P. Scott-Morgan: "En 1801, Horacio Nelson era el segundo al mando de una flota
británica que navegaba frente a las costas de Copenhague. Como ocurría habitualmente por
aquellos días, estaban a punto de atacar a alguien (resultó ser la flota danesa, pero en
realidad podría haber sido cualquiera) Pronto se encontraron bajo el denso fuego de
cañones apostados en las playas, de modo que el pragmático almirante Parker, comandante
en jefe de los británicos, ordenó que izaran las banderas que indicaran el alto al
fuego. A bordo de su propio navío, Nelson, se percató de la señal. Sin embargo,
convencido de que podría encontrar una forma de ganar el ataque, levantó su telescopio y
lo colocó ante el párpado del ojo que había perdido en una batalla varios años atrás:
"No puedo ver ninguna señal"; le respondió a su asistente. "Continuaremos
peleando" Lo hicieron, los británicos ganaron y Nelson fue nombrado vizconde. Desde
entonces, la gente acostumbra a "mirar con el ojo cerrado" las señales enviadas
por sus jefes".
Esto sucede con mucha frecuencia tanto en el mundo organizacional, como
en la sociedad política y la civil. Cuando se expide una señal endeble que produce
peligro a los procesos, valores y principios existentes, que son los componentes
estratégicos indispensables para obtener los objetivos formulados; entonces la capacidad
espontánea de respuesta es una forma de rebelión corporativa en las
empresas y en el resto de los estamentos sociales se denomina desobediencia civil. Los
actores de dichos escenarios deben tener la capacidad perceptiva para garantizar la
recepción de la señal, aunque sea débil; tendente a seleccionar la posición
existencial de: "esto también es transitorio" y poderla relegar
deliberadamente a un segundo plano, con la finalidad de tratar de reemplazar la calidad de
la señal y por supuesto suplantar a los productores de la misma, por medio de un proceso
de cambio de las estructuras, que constituye un cambio innovador. En los escenarios en
donde se encuentran "indicadores enfermos" los actores comienzan a dejar todo a
un lado. Lo que era una simple asonada, cuando estaban involucrados pocas personas y
ejemplos aislados, se convierte como una jugada equivocada que en el mundo empresarial se
llama anarquía corporativa y en el resto de la humanidad se denomina anarquía
social.
En los contextos en donde las señales son débiles los
líderes tienen una denominación rimbombante del título del cargo que ocupan,
olvidándose de sus principales responsabilidades como conductores de grupos y apoyan su
estabilidad en el abuso del poder. Muchas han sido las organizaciones y naciones que han
estado en estas circunstancias alguna vez en su historia y otras que pretenden iniciar
dicho proceso de caos. Resulta una actuación desapegada y tácitamente imposible si lo
que tienen que hacer esos "líderes" va en contra de lo que las reglas no
escritas indican en cuanto a los logros generales.
La consecuencia colindante que surge con estos seudos líderes es que
están en conflictos con reglas existentes y que son totalmente antagónicas de lo que se
puede encontrar con los indicadores de gestión gerencial (Balanced Score Card), bajo este
panorama se produce en el mundo organizacional lo que se denomina aislamiento
corporativo y en los escenarios políticos y sociales se podría llamar la exclusión
civil. Bajo este panorama estos engañosos líderes sencillamente, en algún
momento; son ignorados o excluidos de esos escenarios. Para evitar estas acciones se
convierten en "bloqueadores" y/o "perseguidores", roles por demás
negativos. Es la ancestral dificultad de estilo de comportamiento de este tipo de
liderazgo, el poder está concentrado en este tipo de personas y el resto no tiene ningún
poder real, por cuanto no son necesarios, ni importantes para las interrelaciones de la
motivación-el seudo líder-indicador de gestión. ¡Toda la organización se vuelve
indolente! La gran mayoría de las personas en estos ámbitos se preocupan por
complacer al máximo al jefe o por mantener contentos a sus subordinados. Estas
circunstancias conducen a lo que se denomina impotencia corporativa y en el
resto de la sociedad se llama impotencia civil. En donde todas las
decisiones son adoptadas por el jefe máximo y no hay la posibilidad de que alguna persona
contradiga la decisión adoptada. ¡SÓLO EL CIELO PUEDE AYUDAR SI ESA CLASE DE
ESCENARIOS NECESITA RESPONDER CON RAPIDEZ A LOS CAMBIOS DE LOS COMPONENTES BÁSICOS DE SUS
ESTRUCTURAS!
Cuando el juego de poder se constituye en un radicalismo extremo debido a que
los roles y responsabilidades de cada actor están bajo el dominio total de la máxima
cabeza, la secuela colindante en las empresas es una GUERRA CORPORATIVA, mientras
que en el resto de los escenarios sería una GUERRA CIVIL. Como derivación
de esta realidad, tanto las organizaciones empresariales, como la sociedad civil dedican
más tiempo y energía a luchar internamente contra sí mismas en vez de establecer
proyectos de desarrollo humano sostenible y competitivo.