comphum.jpg (11704 bytes)



LA FRUSTACION Y EL COMPORTAMIENTO SOCIAL

“Señor, Tú entiendes esta circunstancia.
Tú has prometido cuidar de mí, suplir
todas mis necesidades (Fil. 4:29) y nunca
dejarme ni desampararme (He. 13:5).
Tú eres el Dios soberano del universo y
confío en Ti”

En todas las áreas de las ciencias, tanto sociales como exactas, las concepciones básicas tienen siempre una base filosófica que orienta la evolución y el desarrollo de ellas. En las nociones tradicionales de los informes contables existe un axioma que reza de la siguiente forma: “Por cada débito existe un crédito”. En las ciencias físicas, la filosofía básica es que los componentes naturales del entorno son uniformes. La ley de gravedad tiene las mismas consecuencias en cualquier ciudad del globo terráqueo. Estas verdades no se pueden sustentar cuando se trata de personas, por cuanto el comportamiento humano está directamente relacionado con una variedad de nociones primordiales que están presentes en todos los escenarios producidos por el género humano.

Por ejemplo, cuando se habla de la naturaleza humana, los psicólogos sociales reafirman que existen cuatro supuestos básicos: las diferencias individuales, la persona como una totalidad, la conducta motivada (incentivos) y el valor de las personas (dignidad humana).

Los seres humanos tienen mucho en común, se alteran o se lamentan por la pérdida de un ser querido. Se sienten frustrados cuando repetitivamente no logran la actividad meta, y así existen muchos ejemplos, pero lo que nunca se puede perder de vista es que cada persona del mundo es distinta a las otras, a pesar de que puedan tener infinidades de rasgos en común. Desde el mismo nacimiento cada persona es singular, y las vivencias adquiridas a través de sus respectivas vidas profundizan dicha singularidad. Cada una de las personas afronta la experiencia vital con su propia manera de ser: con su personalidad.

La frustración es el obstáculo al cual se enfrenta la persona hacia el logro de una actividad meta. Otros factores la han definido de la siguiente forma: “La frustración es la conducta humana que pone en evidencia la ignorancia acumulada”. Tomando en cuenta las significaciones anteriores, constituyen conceptos muy importantes para el estudio de los problemas humanos y el posible diseño de las medidas correctivas tendentes a minimizar todo tipo de contingencias que se pueda presentar en cualquiera de los escenarios humanos.

La frustración, sin lugar a dudas, produce estados emotivos negativos en un grado tal, que ésta predomina sobre la razón, trayendo como consecuencia un viraje en la conducta en el sentido de desviarla del objetivo de solución de los problemas que se presentan, que es la visión de progreso donde se revela la tendencia al desarrollo personal.

Cuando en circunstancias frustrantes no se administra eficazmente la inteligencia emocional, surgen cambios perniciosos de conductas. Ésta es estereotipada, predominando una situación de sugestibilidad en la persona frustrada, por la desaparición del proceso normal de razonamiento, tanto de la crítica como la de hacer distinciones. Es destructiva y deja de ser constructiva, asociada íntimamente a la ira, construyendo una forma de ataque contra una persona, idea, objeto o situación.

Las personas, por sus condiciones sociales y económicas, están ubicadas en los diferentes estratos de la sociedad, constituyendo grupos que son organizaciones de seres que tienen objetivos comunes, como por ejemplo: clubes deportivos, gremios universitarios, asociaciones gremiales, partidos políticos, grupos de feligreses, entre otros. Cuando estos grupos están estructurados por personas frustradas, es probable que la conducta colectiva presente las siguientes características: falta de realismo, lo que conlleva a no analizar la realidad en forma objetiva.

La negatividad reina y, en vez de patrocinar reformas, revisiones y objetivos claros, lo que ampara son las consignas negativas que incitan a ataques sobre ciertos grupos o personas. La naturaleza no específica de los sentimientos de agresión hace que sea relativamente fácil organizar a grandes cantidades de personas frustradas. No se debe perder de vista que la personalidad del grupo es la sumatoria de las personalidades individuales, y que éstas, aunque sean estables y consistentes, cambian radicalmente con la situación.

Los conductores de estos grupos, antes de que se constituyan en una amenaza, deben revisar cuál ha sido el motivo u obstáculo de esa frustración colectiva y, en vez de estimular esa angostura racional que equivale con frecuencia a la negatividad, por medio de la aplicación de un aprendizaje útil e inteligente, han de lograr el manejo consciente de la mejor de las máquinas con que la naturaleza ha dotado a cada uno de los seres humanos: el sistema cerebral. El aprender qué es, cómo funciona y cómo se puede ampliar su eficacia (así como se ha aprendido a hacerlo con las máquinas) es dar el primer paso, que conducirá hacia el lugar que las personas y los grupos se merecen en este mundo por el solo hecho de pertenecer a la especie humana.

Los conductores de estos grupos de personas frustradas deben ser emprendedores en dichas contingencias, sobre todo ser muy autoconfiables, enérgicos y ambiciosos, para poder “sacudir” a los integrantes del grupo a no buscar un culpable o una causa de su frustración, sino más bien a establecer una nueva estrategia conductual en busca del éxito y del triunfo y poner en práctica las ideas y conceptos del célebre texto ¿Quién tiene el mono?, de W. Oncken Jr. y D.L. Waas, cuyo título en inglés es: Who’s Got the Monkey? Además, deberían tomar en cuenta la teoría de P. Senge en referencia al aprendizaje en equipos inteligentes: “En los grandes equipos, el conflicto se vuelve productivo. A menudo existe un conflicto en torno de la visión. La esencia del proceso radica en la emergencia gradual de una visión compartida a partir de diversas visiones personales”.

Para salir de los momentos de frustración, los conductores de estos grupos deben estimular un aprendizaje inteligente en los mismos, tendente a identificar una nueva visión de futuro alimentada por un proceso de reingeniería mental que garantice la creación de nuevos modelos mentales y de un mejor dominio personal.