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RELACIONES INTERPERSONALES
O ¿INTERPERSONAJES?
"De cierto, de cierto os digo:
[...] el que sube por otra parte, es ladrón y salteador.
[...]
El buen pastor debe procurar conocer el
estado de sus ovejas"
(Juan 10; 1-14)
Me place compartir con mis apreciados lectores lo
que conversé con el Dr. Édgar A. Arenas P. (Médico y Magíster en Gerencia y
Tecnologías de la Información) al respecto de lo expuesto en el artículo publicado en
este espacio el pasado 2 de mayo en cuyo final dejó una pregunta (¿cómo administrar
óptimamente la sinergia y los recursos -humanos, conceptuales, tecnológicos, etc.- para
lograr la misión y mantener una transacción positiva entre las personas?) que es
menester responder y por ello convine con él una entrevista.
Para empezar, me dijo que la respuesta está en el mismo artículo ("Las
Organizaciones Sanas"), pues allí se asentó que se debe: 1- estimular
eficientemente la sinergia de los recursos humanos del sistema hacia el logro del objetivo
de un alto desempeño; y 2- garantizar la organización del trabajo de tal manera que el
ambiente, los procesos comunicacionales y las relaciones interpersonales sean
administrados en una forma eficiente, y añadió: -"En ambos enunciados hay un
elemento en común: la presencia del humano y lo personal (un atributo únicamente
asignable al humano); por ello, la clave que transparenta lo entrañado en esta díada
está en aclarar lo que significa el vocablo persona".
Ante esa aseveración, le dije: -¿Qué debe
entenderse de la voz "persona"?, y empezó a decirme: -"La
utilización adecuada de tal expresión reclama conocer y dominar a la perfección al
menos dos de sus acepciones, pues ambas concepciones se dan simultáneamente en los
individuos. La primera se refiere a la dimensión humanística; mientras que la segunda
lleva hacia la Grecia antigua y sus obras teatrales, hasta sus protagonistas y los
personajes representados por éstos. Por cierto, ambas abstracciones son las que tienen
que ser consideradas imprescindiblemente por los médicos en su trato con quienes les
confían su salud y su vida para poderles comprender perfectamente bien en todas las
dimensiones imaginables, puesto que lo contrario sería una contravía. Si esto es así en
la Medicina, también ha de serlo en lo organizacional, puesto que quienes interactúan
allí son seres humanos y éstos deben ser vistos y entendidos como tales".
Sinceramente, esa respuesta me hizo entrever que algo bueno estaba empezando a colarse:
las cosas se toman según de donde y de quien vienen, y sin dilación le pedí que
continuara.
-"Desde el punto de vista humanístico y como
producto de lo que me han dado las musas (Euterpe y Calíope) cuando -a veces- bajan a
inspirarme, puede afirmarse que la voz persona puede entenderse como 'la unidad
física (en tanto que energética), moral, intelectual y atemporal (que no se acaba a
pesar de morir el cuerpo donde ella halla vida, puesto que es incorpórea) que se atribuye
dignidad, simbolismos y cualidades; que es intangible (aunque: muchas veces, perceptible);
que es absolutamente individual en su carácter e inclinaciones; capaz de derechos,
deberes e intereses; que tiene un origen y una naturaleza propia; que logra guardar sus
propios secretos y misterios más allá de la razón comprensible; que tiene un nacimiento
(en el instante de la concepción), un modo de vivir y una sola retirada; y que puede
involucrar a todos y a todo en su entorno por lo que le afecta, entre tantos asuntos
más', mientras que desde la definición griega, persona significa 'máscara': ese
aditamento que se colocaban ante el rostro los artistas griegos para auxiliarse en la
representación del papel de los personajes que les tocaba interpretar buscando lograr su
repercusión". Al callarse, guardé silencio y prosiguió:
-"Para aplicar esto a lo que nos interesa,
sólo basta tener una pizca de sentido común (el menos común de todos los sentidos): desde
siempre, el humano ha venido conviviendo con esas dos personas: una es la que vive
en su intimidad; mientras que la otra es la que -para cumplir con el rol del personaje
representado- muestra a quienes se relacionan con él. Percatarse de esta realidad permite
a cada individuo comprender mejor la realidad existencial del ser humano y -por ende-
podrá desempeñarse mejor consigo mismo y con los demás, pues ello posibilita el empezar
a entender y aceptar la existencia innegable de esa dualidad individual propia (de uno
mismo y de cada uno de los otros con quienes toca relacionarse)".
Al terminar esta aseveración, mi mente empezó a
imaginar a un sujeto metido dentro de un disfraz que le cubría todo el cuerpo, como el
utilizado por algunos Diablos Danzantes de Yare (que portan una máscara inmensa
desde cuyos bordes nace una especie de sotana de color rojo que se extiende casi hasta la
altura de los tobillos), y esa voz interior que uno tiene me dijo: "Sí, lo
veo fácilmente y así debe ser: el sujeto que está metido en el disfraz se percata de
que está oculto dentro de tal vestidura (siendo -a los fines del entendimiento del
mensaje ofrecido- el fiel representante de la concepción humanística de la voz persona)
y que lo que está siendo visto por algunos de quienes le observan en el baile que hace
por las calles de aquella población mirandina es sólo una máscara y un ropaje (todo lo
cual es -a los mismos fines- el fiel representante de la concepción griega de la voz persona)". Al percatarme de esto, le pregunté (suponiendo que en su mente
también estaba presente la imagen de dichos "diablos"): -"Según
entiendo de lo que dices, quienes están observando al disfrazado están viviendo algo
idéntico; es decir: también están bajo los efectos de su propia dualidad individual".
Al escucharme, levantó su mirada y la clavó en mis ojos, se sonrió sin mostrar su
dentadura y dijo: -"Claro que sí, en todos pasa lo mismo, porque es imposible
separarse de esa realidad, pero no todos se dan cuenta de eso; sólo el protagonista del
poema "Cómo me volví loco" (de Khalil Gibrán Khalil) pudo hacerlo así y no
porque quiso, sino porque hubo unos ladrones que le robaron sus siete máscaras".
Pero también le pregunté: -"¿Porqué dijiste "... algunos de quienes le
observan...", en vez de "todos"?, y me respondió: -"Claro;
basta darse cuenta de que muchos niños empiezan a llorar y a buscar los brazos de sus
padres, pues su mente le da cabida a la idea de que tales personajes son realmente unos
diablos; es decir: no distinguen la dualidad; algo semejante pasa en no pocos humanos
cuando interactúan con otros".
Entonces, mi mente entendió claramente lo que
Édgar dejó: que para administrar óptimamente los recursos humanos y su sinergia (para
lograr la misión y mantener una transacción positiva entre las personas) lo que se
conviene hacer es estimular eficazmente la asociación provechosa de los personajes que
hacen vida en el sistema hacia el logro del objetivo de un alto desempeño individual y
del equipo que constituyen, garantizando la organización del trabajo de tal manera que el
ambiente, los procesos comunicacionales y las relaciones interpersonales se administren en
un modo eficiente, pero todo esto ha de empezar por conocer y dominar a la perfección las
dos acepciones consideradas en el diálogo narrado. Si los líderes de las organizaciones
no le dan cabida en su mente a la existencia de esa díada constituida por la dualidad
individual propia de cada uno de los sujetos que interactúan en el escenario
organizacional, nunca podrán gestionar adecuada y favorablemente la alineación de los
personajes existentes en quienes ocupan los cargos de la arquitectura organizacional y que
por sus particularidades individuales determinan las características estructurales (el
tipo de trato que se da entre los recursos humanos de toda organización). Sólo basta
precisar si en una relación personal entre dos sujetos interactúan 2, 4 o más
personajes.
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