El análisis y la evaluación económica de las
oportunidades son intensas y también representan una fuente de desestabilización, por
cuanto las disfunsiones o errores son detectados sistemáticamente. Para muchos, esta
puesta en evidencia de insuficiencias aparece como una amenaza. El equipo del cambio
asegura que esta difícil transición sea rápida y que las energías así liberadas sean
canalizadas para ser utilizadas en las etapas más constructivas de la administración del
cambio.
La movilización genera resultados que luego serán utilizados durante
la materialización del cambio. Las decisiones adoptadas en esta fase influirán
notablemente en el desarrollo y en el éxito de la fase de ejecución. El equipo
responsable del cambio debe asegurar la validez de estas decisiones, las cuales se ocupan,
por ejemplo, de la constitución de los equipos de competencias de alto nivel o de la
elección de los líderes de estos equipos, siendo estos ocupados por personas de
jerarquía superior en las organizaciones y por supuesto, con una probada credibilidad.
Por otra parte es importante tener claramente identificados los obstáculos y frenos
potenciales al cambio.
El equipo responsable del cambio debe predisponer y preparar
cuidadosamente al conjunto de los miembros de la dirección y a las personas que ocupan
puestos en los niveles estratégicos en cuanto a la conducta a demostrar frente a las
incoherencias y a las oportunidades detectadas. Los niveles gerenciales altos no deben, en
ningún caso, tratar de identificar a los responsables de las fallas o de los errores
pasados para "castigarlos". Dicho estilo acabaría con las fuentes de ideas y,
lo que sería peor aún, destruiría inmediatamente el clima de participación general y
la dinámica del cambio que la de movilización tenía precisamente como objetivo a
alcanzar.
La clave "movilizar" permite por lo tanto, crear una
dinámica de cambio en las organizaciones. Es esta dinámica la que se apoya en la
continuación de las operaciones, es decir la materialización del cambio. Tampoco hay que
perder de vista que la movilización no se adquiere definitivamente y que, en
consecuencia, debe ser aplicada y mantenida regularmente a lo largo de todo el proceso de
cambio.
Las organizaciones exitosas viven en un ambiente de evolución
continua. Las necesidades de sus clientes se modifican, sus competidores introducen nuevos
productos, los cambios en cuanto a las disposiciones legales alteran las reglas del juego,
la evolución de las costumbres engendran nuevas expectativas de los clientes.
Las organizaciones están sometidas a la influencia de esos factores.
En consecuencia, debe adaptarse constantemente a dicho reto. El desafío real consiste en
ser capaz de evolucionar lo suficientemente rápido para conservar y acrecentar su
participación en el mercado, su crecimiento y su rentabilidad frente a sus competidores
que también viven en una evolución constante-.
En otras palabras, las organizaciones deben buscar a como de lugar los
medios de acelerar su evolución, su velocidad de transformación.Lamentablemente, esta
aceleración no es automática. En efecto, el conjunto de los servicios, unidades
organizacionales se ven absorbidos por sus tareas y responsabilidades cotidianas. En
general, no disponen ni del tiempo ni de los recursos, es decir, no tienen las
competencias necesarias para coordinar el proceso de transformación que les permita
facilitar y acelerar la evolución de la empresa.
La empresa debe entonces concebir y poner en marcha una estructura y un mecanismo cuyo
papel será precisamente el de propiciar y acelerar la transformación. Es lo que denomina
B. Grouard (1996) "catalizar", como la velocidad de una reacción química bajo
la influencia de un agente