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CONFIABILIDAD PERSONAL

“Igual que la confianza emana de la
confiabilidad, la confiabilidad emana
del carácter y la competencia”
S. R. Covey

“Confianza” es la creencia en que una persona o un conjunto humano será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación y pensamientos, mientras que “confiabilidad” es el grado de seguridad de que un dispositivo o sistema (humano o no) opera exitosamente en un ambiente específico y se asume como un parámetro del diseño de un procedimiento que compite contra otros parámetros tales como costo y funcionamiento.

Desde el punto de vista del liderazgo, existen ciertos componentes que tienen una relación directa de brindar confianza, por cuanto en los escenarios donde existe una confianza duradera, existe CONFIABILIDAD.

La única manera de afianzar la sabiduría y el criterio sano es por medio del perfeccionamiento (tanto de la confiabilidad, como de un carácter justo y equitativo), estableciendo las bases de todo logro y confianza grandes y duraderos.

El acreditado consultor Stephen Covey reafirma que la creación de confianza personal tiene que ver con los tres atributos fundamentales del carácter de cada persona, como son: la integridad, la madurez y la mentalidad de abundancia.

La integridad representa estar identificado y comprometido con los principios y leyes naturales que, en última instancia, condicionan los estilos de comportamiento y de sus consecuencias.  La honestidad es el principio de decir la verdad como un hábito personal.  Este aspecto de integridad es el compromiso ineludible de llevar a cabo las proposiciones o promesas que cada quien se ha hecho a sí mismo o a otras personas.

La madurez se forma cuando la gente se responsabiliza por los resultados de la integridad y de reafirmar el triunfo personal a sí misma, una característica que garantiza la valentía y la amabilidad al mismo tiempo. Expresado de otro modo: cualquier persona que normalmente administre de manera sana esta cualidad personal está en capacidad de tratar eventos muy complejos con devoción. Por otra parte, la mezcolanza del coraje y de la amabilidad es tanto la fuente de donde nace la integridad, como las consecuencias de ésta.

La mentalidad de abundancia simboliza que, en lugar de percibir el entorno como una pugna con un solo ganador, el contexto se percibe como un “cuerno de la abundancia” lleno de ocasiones, recursos y riquezas cada vez mayores.  Con un modelo mental de este tipo las personas no se cotejan con sus semejantes y sienten un profundo gozo con sus triunfos.  El caso contrario, es decir: las personas que manifiestan una mentalidad de escasez son la derivación de una identidad fundamentada en la comparación y se sienten amenazadas por los triunfos y victorias de sus semejantes.  Aunque manifiesten verbalmente y finjan otra cosa, saben que esta realidad les devora internamente.

Mientras que las personas que manifiestan una mentalidad de la abundancia perciben a los “competidores” como unos de los maestros más valorados e importantes.

Estos atributos –integridad, madurez y mentalidad de abundancia– señalan a la perfección de un conjunto complementario que hace co-ompetencia (cooperación y competencia sana, pues la misión les compete y compiten entre sí en aras de lo mejor: el resultado del trabajo en equipo).

 Se puede desglosar la vertiente de competencia que posee la confianza personal, en los siguientes tres elementos:

 La competencia técnica: es la habilidad y el conocimiento necesario para llevar a feliz término una determinada actividad o tarea (misión).

El conocimiento conceptual: es la capacidad de percibir el entorno general, observar cómo se interrelacionan las partes unas con otras.  Es un modelo mental estratégico y sistémico, no solamente táctico.

La interdependencia: es ser reflexivo de la realidad de que todas las facetas de la vida están interconectadas, sobre todo las organizaciones y los equipos adicionales que están tratando -a como dé lugar- de lograr inteligente y sanamente el triunfo, manteniendo la lealtad de los clientes, socios, proveedores y accionistas.  Una vez más, se recuerda  jugar al tenis con un equipo de golf o a pensar ideas analógicas en un escenario digital.

 Para reafirmar las ideas y conceptos desarrollados en los párrafos anteriores, se trae a colación un ejemplo de la vida real: un aspirante a ingresar a una facultad de medicina, le realizaron la siguiente pregunta. “¿A quién preferiría a un cirujano honesto que fuera incompetente o a un cirujano competente que no fuera honesto?”. El aspirante reflexionó sobre el planteamiento dando la siguiente respuesta –muy buena por cierto–: “Depende de la situación.  Si necesitara la cirugía, decidiría por el competente.  Si la cuestión fuera someterme a cirugía o no, optaría por el honesto”.

¡POR SUPUESTO, TANTO LA COMPETENCIA COMO EL CARÁCTER SON NECESARIOS, PERO TAMBIÉN RESULTAN INSUFICIENTES CUANDO VAN POR SEPARADOS!.