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EL MODELO MORAL DE COMPORTAMIENTO


"El motivo es no evadir la posibilidad
de ser atrapado, sino mantener y reforzar
la predisposición a actuar con honradez
"
R. H. Frank

En el pasado reciente los científicos sociales han tenido un interés cada vez mayor en los estilos de comportamiento que se han apartado del paradigma económico neoclásico, sin embargo en algunos momentos siguen centrando su atención en la elección individual u organizacional. Estos modelos son diferentes de los modelos económicos de comportamiento en sus basamentos fundamentales. Uno de estos tratadistas como lo es E. Etzioni, ha estructurado los fundamentos básicos de un modelo de comportamiento que abarca la moral, los cuales son: a) un modelo moral postula que los individuos buscan no sólo el placer, como normalmente ocurre en el modelo utilitario; sino también moralidad. Por tal motivo las personas se encuentran, simultáneamente bajo influencia de dos grupos principales de factores: su placer y su deber moral; b) en este enfoque sobresale el hecho de que los individuos eligen los medios y no sólo los fines, y que esos medios se seleccionan con base en sus valores y emociones. Debido a que las consideraciones morales y utilitarias son cualitativamente diferentes, no pueden intercambiarse. La persona obtiene un sentido de afirmación... cuando ella misma se rige por sus compromisos morales y c) la suposición neoclásica de la supremacía del individuo se modifica para explicar que las colectividades sociales, incluidas las organizaciones, pero también las comunidades vecinales, son unidades importantes de adopción de decisiones.

Otros estudiosos de este conocimiento han contrastado lo que ellos llaman modelo del interés personal con el modelo de compromiso en el comportamiento. Han analizado en primer término las diversas razones "racionales" para renunciar al interés personal cortoplacista, como forjarse la reputación de ser digno de confianza, de la misma manera los procesos de selección o evolutivos que podrían producir un comportamiento más cooperativo.

Existe mucha información empírica congruente con el modelo moral de comportamiento, en particular en comparación con un modelo de actitudes y comportamientos que son resultado de la operación del simple interés personal. Sin embargo la mayor parte de la investigación recurrente no relaciona los contextos o problemas organizacionales, lo que deja pendiente una importante tarea de investigación: aplicar las ideas del modelo moral de comportamiento a las organizaciones.

Ha habido estudios que demuestran que la conducta política no se explica en su totalidad por la idea del interés personal. Votar es un acto de espíritu público y requiere cierto esfuerzo, pero las probabilidades de que el voto de una persona determinada sea trascendental para determinar el resultado final del proceso eleccionario son casi infinitesimalmente pequeñas.

Existen indicios que las personas se comportan de modo altruista y de acuerdo con preceptos morales y, al hacerlo, pasan por alto el simple interés personal. Como por ejemplo, hay experimentos que muestran que muchas personas devuelven por medio de los sistemas de correo, a extraños, billeteras supuestamente extraviadas, sin tomar nada de valor.

Por otra parte el modelo económico de comportamiento ha venido destacando el problema del ventajista, o la tendencia de las personas a aprovechar los esfuerzos de los demás y rehuir las situaciones en las que los beneficios son colectivos y no pueden distribuirse en proporción con la aportación o desempeño personal. Las indagaciones y reflexiones sobre este aspecto dominan la consideración de los planes de incentivos grupales en las organizaciones, como el reparto de utilidades o el compartimiento de las ganancias, y llevan a muchos economistas a creer que la propiedad colectiva de los activos, como en el caso de una forma de organización cooperativa, es por naturaleza ineficaz. De esta manera muchos estudios de este modelo han escrito que las cooperativas son incapaces de retener a los gerentes estratégicos, quienes son estimulados a marcharse por las ofertas de un ingreso mejor en las compañías capitalistas. Existe un solo problema con toda esta preocupación por el asunto del ventajista: las pruebas empíricas indican que a menudo no es problema en absoluto. La lógica del problema de la acción colectiva es convincente y esclarecedora. Sin embargo, la dificultad que plantea está lógica es que las pruebas empíricas de su capacidad de pronosticar el comportamiento dicho son escasas o inexistentes.

Examinando el resultado de un grupo de estudios indican que para las cuestiones morales, las actividades o el comportamiento que se han considerado sagradas, los enfoques numéricos no explican muy bien el comportamiento y, en su lugar, los no existentes. Como consecuencia de lo anterior han llegado a la siguiente conclusión: en todas las sociedades y períodos existen ciertos elementos que no se consideran material legítimo de intercambio... Como resultado esperan que los modelos de mercado representen las relaciones de manera deficiente y en el mejor de los casos; se requieren concepciones socioeconómicas que incluyan factores morales así como económicos.

La conclusión de esta breve reseña de las pruebas empíricas pertinentes parece ineludible: los valores sociales e individuales importan para entender el comportamiento y suelen ser pronosticadores más poderosos que las concepciones simples del interés personal.