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ESTABLECIENDO RELACIONES
VENTUROSAS CON EL JEFE (I)
" Los jefes ineficientes no sólo son
uno de los mayores obstáculos para el
buen desarrollo de un buen equipo, sino
que además constituyen uno de los elementos
que más pérdida de tiempo ocasionan "
M. E. Douglass
En entregas anteriores se ha mencionado que los procesos de
comunicaciones ineficaces e ineficientes son quizás la peor forma de perder el tiempo. A
través de la gran cantidad de ciclos de aprendizaje acerca de la "Gerencia del
Tiempo", en los cuales hemos administrados en calidad de facilitador, cuando se nos
pregunta "¿Cómo evitar las pérdidas de tiempo?"; tenemos que mencionar que
entre las causas principales por la cual existe esta realidad es el: ¡ESTILO
COMUNICACIONAL DE LOS JEFES INEFICACES!. De acuerdo a los grandes cambios que están
sucediendo en el ámbito organizacional y de las exigencias de otros tipos de
competencias, los días de los "jefes" están contados, y que sin lugar a dudas
se encontrarán poco de ellos en el futuro; pero por desgracia ese futuro aún no ha
llegado. En los escenarios empresariales existen muchos de esos "jefes" actuando
todavía, y dicha actuación está causando más inconvenientes que beneficios. De acuerdo
con los tratadistas M. E. Douglass y D. N. Douglass estos jefes ineficientes son los que
crean mayores obstáculos en la estructura de equipos eficientes de trabajo.
Las organizaciones, para poder lograr sus propósitos y objetivos
estratégicos por medio de la acción coordinada de los líderes y de sus más cercanos
colaboradores, deben necesariamente reducir la variedad de estilos comunicacionales de sus
integrantes. Los trabajadores no pueden elegir libremente lo que harán, sino que tienen
que ajustarse a lo prescrito por el rol que se le asigna, así como abstenerse de realizar
aquello que la organización prohibe. Si bien es cierto, la lógica que se desprende de
estas afirmaciones puede conducir a trivializar los comportamientos de los integrantes de
las empresas, al suponer que frente a los mismos estímulos se obtendrán idénticas y,
por lo tanto, predictibles respuestas, llevando a una absoluta estereotipia de las
conductas.
Bajo estas realidades se puede encontrar que no es el jefe quien tiene
la culpa, sino que puede ser un trabajador mismo. Se relata una historia de un amigo.
Roberto, quien ocupaba un cargo en la gerencia táctica de una empresa transnacional, le
negaron en una oportunidad un ascenso que, según él, merecía; el puesto le fue otorgado
a otro gerente, que al final terminó siendo el jefe de Roberto. Pero este nuevo gerente
no sabía muy bien lo que tenía que hacer, y pasó mucho tiempo conversando con Roberto,
interrumpiéndolo en sus tareas y confiando en el saber operativo que éste tenía acerca
del departamento en cuestión. El amigo Roberto, comentó que su nuevo jefe le estaba
creando un grave problema laboral por las pérdidas de tiempo. Sin lugar a dudas, Roberto
interpretaba negativamente cualquier cosa que hiciera su nuevo jefe. Tras analizar la
situación se recomendó que dejara de pelearse con el nuevo jefe y que tratara por todos
los medios posibles de asumir una actitud diferente. Al amigo le llevó varias semanas
aceptar este punto de vista, pero una vez que lo hizo, se dió cuenta de que podía ayudar
a su nuevo jefe en muchísimas cosas.
Un alto porcentaje de los trabajadores se cierran tanto en una
determinada perspectiva frente a cierta realidad que se niegan a admitir que puede haber
una perspectiva diferente. Si lo hacen, advierten que son más responsables de lo que
pueden pensar acerca de la solución de los problemas comunicacionales y que
definitivamente: ¡los jefes no son solamente los culpables!.
En muchas oportunidades en el rol de consultor empresarial que ha
venido desempeñando el autor de este espacio, recomendamos a los trabajadores que se
evalúen a sí mismo desde el punto de vista de sus respectivos jefes. Indicándoles
algunas preguntas que deben formularse desde el punto de vista si fuera su jefe. Entre
ellas figuran las siguientes: ¿Es bueno, en líneas generales, el rendimiento de mi
jefe?, ¿En qué medida coopera?, ¿En qué medida ha contribuido a que mejorase el
trabajo en el departamento?, ¿Procura comunicarse conmigo lo mejor posible? , ¿Hasta
qué punto es fiable? , ¿Coloca a sus mas cercanos colaboradores en situaciones
difíciles o habla negativamente de ellos a sus espaldas? , ¿Aporta soluciones, y no
sólo problemas? , ¿Cuál es la calidad de su trabajo? , ¿Trata bien a sus compañeros
de equipo? , ¿Estimula el trabajo en equipo?.
Mantener abiertos buenos canales de comunicación es esencial para que
existan buenas relaciones con los jefes. Siempre que se dialogue, todo resulta posible;
los problemas serios aparecen cuando cesa el diálogo. La reflexión sobe técnicas y
soportes de comunicación, la determinación de modos y dispositivos organizacionales son
sin duda elementos importantes en la administración empresarial. Sin embargo, todas estas
ideas y conceptos, dependen de la elección de los estilos personales de comunicación -
tanto del jefe, como de sus más cercanos colaboradores -, a los que paradójicamente se
suele descuidar en esos ámbitos. Desde luego, esto no significa que la comunicación no
deba ser una preocupación constante, pero implica realizaciones concretas a definir en
cada caso, en función del objetivo que se tiene.
¿Cómo valorar si hay o no una buena comunicación con el propio
jefe?. La respuesta a esta interrogante será el tema de la entrega de la próxima semana.
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