¿CUÁL CLASE DE CULTURA ORGANIZACIONAL SE QUIERE
?

He notado una cosa curiosa últimamente
en mis viajes entre gerentes, y es que ahora
parecen entusiasmarse más formulando
declaraciones de valores corporativos.
J. Champy.


Después de la aparición de la REINGENIERÍA como herramienta gerencial, muchas organizaciones de diferentes tamaños en diversos países, han tratado de implantar la tarea de rediseñar sus respectivas organizaciones, esta realidad ha traído como consecuencia la transformación de cualquier cantidad de vidas de trabajo. Mientras esto ocurre, la "revolución gerencial" se reafirma por toda la economía; pareciera ser que cada día toma más cuerpo una modalidad que en muchas latitudes ya es familiar, se trata entonces de la REINGENIERÍA. La cual se mantiene y desarrolla en los altos niveles estratégicos organizacionales, produciendo grandes cambios en la forma de cómo conducir las organizaciones, por tal motivo con un buen estilo de gerenciar los cambios, se han obtenido resultados extraordinarios. Referente a esta verdad organizacional el autor J. Champy (1995) afirma lo siguiente: "....
todo lo que hemos aprendido acerca de reingeniería nos lleva a una sólida conclusión: las reglas del buen gobierno (y autogobierno) para las empresas eficientes de negocios se determinan hoy por su cultura, no por su estructura organizacional..." . Los estudiosos de las organizaciones, siempre han afirmado que han existido dos factores que condicionan la cultura organizacional, siendo ellos los siguientes: a) la estructura jerárquica que las corporaciones heredan y b) el mito moderno de la "máquina" organizacional. Por supuesto bajo estos parámetros, el comportamiento condicionado por estos dos factores era básicamente la obediencia; sujeta a la cadena de mando y a las actividades de los trabajadores altamente controladas.

Es decir bajo este panorama se podía navegar en mares "muy tranquilos". En los mares agitados en el cual se navega hoy, se requiere también una "cultura de obediencia"; pero, el estilo de liderazgo requerido es totalmente diferente. Ya no es una cosa simple y fácil, estable y racional, como lo representa una jerarquía de poderes en las empresas, ni tampoco como los deberes y obligaciones que impone una simple descripción de cargo. Definitivamente el nuevo estilo de liderazgo, reside fundamentalmente en los diferentes entornos en donde esté posicionada la empresa y se materializa en la misma manera en el cual los clientes sientan satisfecho sus expectativas razonables. En consecuencia, es necesaria estimular, una cultura que fomente cualidades como perseverancia en el esfuerzo (tratando de hacer frente a las exigencia cada vez más fuertes de los clientes), infinidades recursos de imaginación, (tendentes a crear necesidades que los clientes tal vez no saben lo que tienen); y por supuesto una gerencia participativa por medio de un eficiente trabajo en equipo, apoyado por un programa de desarrollo de autonomía individual coherente con los objetivos organizacionales, tratando de producir satisfacción en las exigentes normas de requerimientos de expectativas de los clientes.

Definitivamente los verdaderos líderes organizacionales deben preguntarse dos cuestiones de gran envergadura: ¿Qué clase de valores quieren? y ¿Qué clase de cultura desean? . La experiencia que ha acumulado el autor de este espacio en el mundo industrial, le dice que las respuestas a estas inquietudes no son sencillas, por cuanto los valores, son una realidad muy abstracta, toman su forma y su esencia de muchas fuentes de la realidad en dónde está la empresa: ¿qué es?; del reino de las metáforas; de los ideales políticos y sociales del país de origen de la organización; de las creencias individuales de cada miembro de los niveles gerenciales de la empresa. De acuerdo a expertos en estos estudios, coinciden que dichas fuentes son tan diferentes y se mezclan en una forma tan distintas en las variadas corporaciones que es inútil esperar que una sola declaración de valores pueda servirles a todas las empresas.

Con mucha frecuencia en las visitas que el autor de este espacio hace a las diferentes empresas, le preguntan si es posible hacer reingeniería en una cultura que no está abierta al cambio. Se ha tenido la oportunidad de ver los efectos de estas preguntas en tales culturas y, por supuestos son inolvidables.

Existen muchas culturas en donde se encuentran comportamientos tan incoherentes, que son consecuencia invariable de una estructura jerárquica, un arreglo hecho a ex-profeso, para reafirmar el estilo gerencial de mando y control y para esperar más o menos conscientemente reacciones marginales de la organización.

El mayor enemigo de una nueva cultura rediseñada es la vieja cultura de escepticismo: temores egoístas y desconfianza. Siempre se encuentra, como las semillas de maleza, lista para crecer en cualquier momento en el mismo lugar. Pero la nueva cultura además del enemigo anterior tiene otro, casi igualmente defensivo que el anterior, como lo es: la banalidad. Los verdaderos líderes organizacionales deben combatir a diario la banalidad, principalmente actuando de acuerdo con los valores que expresan a menudo. Pero también deben mantener actualizado el lenguaje, tendente a mantener en vigencia el significado recurrente.