EL PACIENTE SE VUELVE
IMPACIENTE I (*)
"Cuando los médicos, enfermeras
y otros
profesionales de la salud empiezan a
reconocer a sus pacientes como clientes
que pagan una gran cantidad de dinero
por el servicio, ellos pueden empezar a
conocerlos mejor personal y profesionalmente"
K. Albrecht y L. J. Bradford
Diferentes estudios revelan que el
perfil de los pacientes que acuden a los hospitales está cambiando. Los enfermos que
están más informados son más exigentes y quieren participar más en la adopción de
decisiones. Pero la estructura sanitaria y la cultura médica tradicional se resisten a
los cambios. La relación entre el médico y el paciente se reciente.
"El 80% de los casos de disconformidad de los
pacientes se debe a problemas de información y a malos entendidos por falta de una buena
comunicación". "Tener más información no quiere decir estar mejor informado;
a veces la información es errónea y crea expectativas desmesuradas"
Las salas de espera de los hospitales están
repletas de ancianos que aguardan pacientemente a que les llamen. Pero también es cada
vez más frecuente la imagen del paciente que camina nervioso, que atiende el teléfono
móvil y entra en la consulta con una carpeta repleta de documentos bajados de la
Internet. Los médicos se enfrentan al nuevo perfil de un consultante (que puede estar
sano o enfermo) mucho más informado y exigente. Pero muchos médicos parecen no darse
cuenta del cambio que está ocurriendo y aplican las fórmulas del paternalismo, cuando lo
que tienen delante es una persona que ya no tolera que le traten con superioridad
o que no le den suficientes explicaciones. Esta persona, que muchas veces ha tenido
que esperar más de lo deseable para poder sentarse ante el médico, se
convierte con facilidad en un paciente impaciente (negritas y subrayado por el
autor de este espacio).
Muchos médicos creen que si garantizan una buena
calidad técnica a la prestación sanitaria, el paciente quedará satisfecho. Pero ya no
es así. La calidad técnica es necesaria e imprescindible, pero no suficiente: esto es
sólo una porción del todo. No lo es en Europa y tampoco en España. Angela Coltier, del
Picker Institute de Oxford, dirigió en 2001 un estudio, "The Future Patient
Project", realizado en ocho países europeos, entre ellos España, que puso de
manifiesto la profundidad del cambio. Ahora, cuatro años más tarde, en "The
Autonomous Patient Revisited" (2005), se confirma la rapidez de los cambios.
¿Qué esperan los pacientes del sistema sanitario?
Angela Coultier obtuvo las siguientes respuestas, por orden de importancia: reducir
el tiempo de espera, credibilidad y confianza en los profesionales sanitarios,
explicaciones comprensibles sobre su estado y sobre el tratamiento, ser escuchados,
implicación en la toma de decisiones sobre los cuidados y ser tratados con respeto
y dignidad (negritas y subrayado por el autor de este espacio). ¿Cuántos
médicos tienen en cuenta estas cuestiones en su trato con los pacientes? En otro trabajo,
"Impatient for Change", del Stockholm Network, 2004: se muestra la gran
distancia entre lo que los pacientes esperan y lo que obtienen del sistema sanitario.
Rodrigo Gutiérrez Fernández, responsable de la
oficina de atención al usuario del Servicio de Salud de Castilla, La Mancha (España); ha
analizado los trabajos y encuestas publicados, y ha llegado a una conclusión clara: "Los
pacientes están más y mejor informados, quieren un acceso más rápido y más fácil a
los servicios sanitarios, una atención personalizada. Quieren que les escuchen y
participar en las decisiones que afectan a su salud. Y ese cambio se produce justo cuando
la medicina se ejerce en contexto de incertidumbre y complejidad creciente, que exige del
profesional un mayor esfuerzo de formación". (negritas y subrayado por
el autor de este espacio)
Los viejos esquemas ya no sirven. "La palabra
paciente se acuñó a finales del siglo pasado, cuando los hospitales eran meras
instituciones adonde la gente iba poco más que a morir. Era el paciente, el que sufre, el
que espera la muerte", recuerda Alicia Ganados, experta en gestión sanitaria que
impulsó en Cataluña la Agencia de Evaluación Tecnológica y fue directora del Instituto
Catalán de Salud. Afirmó la misma Ganados lo siguiente: "Ahora se sigue utilizando
el término paciente, pero la realidad es muy distinta. También el hospital ha cambiado:
en los años cincuenta se convierte en un templo de tecnología y a partir de los ochenta,
con la eclosión de las nuevas tecnologías sanitarias y la universalización de la
asistencia, se sutura, aparecen las listas de espera y comienza a hablarse de la necesidad
de contener el gasto justo cuando la demanda es más explosiva".
Ahí estamos ahora. Muchos de los enfermos que
ingresan tienen edad suficiente como para haber vivido el progreso que representa un
sistema sanitario público y gratuito. Y se muestran proclives a la paciencia. Pero muchos
otros lo han incorporado como un derecho más. "Los pacientes son ahora más cultos,
están acostumbrados al autoservicio, a la respuesta inmediata, y por tanto ya no
son tan tolerantes con las esperas, las colas, la falta de consideración simplemente, la
falta de información "(negritas y subrayado por el autor de este espacio),
añade Alicia Granados.
"Y cuando los pacientes no son exigentes, lo
son sus hijos, mejor dicho, sus hijas, pues las mujeres son las que mayoritariamente
asumen el rol de agentes de salud de la familia", corrobora Albert Jovell (director
de la Biblioteca Josep Laporte de Barcelona, España); desde la que se ha impulsado el
Foro español de Pacientes, una entidad creada en diciembre de 2004 que agrupa a unos
165.000 pacientes adscritos a diferentes asociaciones.
Un ejemplo, en la web de la biblioteca que dirige
Jovell hay información sobre diferentes enfermedades. De la osteoporosis se han bajado ya
40.000 copias. ¿Son las propias enfermas? Parece difícil, dada la edad media que tienen
estas pacientes. Son fundamentalmente, sus hijas. Internet es ahora la gran herramienta.
Datos disponibles en el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta indican
que el 51% de los adultos americanos consultan a través de Internet sus problemas de
salud y el eurobarómetro de marzo de 2003 indica que también lo hace el 41% de la
población adulta europea.
Jovell aporta otro ejemplo para ilustrar la
velocidad del cambio: "Buscamos en Internet asma y tratamiento con
leucotrienos. En 2003 Altavista ofrecía 43 citas; en 2004 eran 8.868. Fuimos luego
a Google: en 2003 encontramos 202 citas; al año siguiente, 31.300. Pero la facilidad de
acceso a la información por Internet no impide que el 60% de los asmáticos europeos
incumplan el tratamiento prescrito".
(*) Artículo basado en lo escrito por Milagros P.
Oliva, en "El País" (Barcelona, España).
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