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LAS NUEVAS COMPETENCIAS DEL ESPECIALISTA EN FORMACIÓN
"El nuevo líder de entrenamiento además
de conocer el mundo de la educación
debe tener visión de negocio, debería ser
un generador de recursos propios más
que operar a partir de un presupuesto
que funcionalmente le aprueban"
A.Olivera
Los cambios ocurridos que han transformado el mundo, han
sido indetenibles e inevitables, sus consecuencias se perciben en cada momento y en todos
los escenarios producidos por el factor humano, tales como: en la arquitectura de todas
las organizaciones y/o instituciones, en los procesos manufactureros, productivos y de
servicio, en el mundo financiero y por supuesto en el comercio. Así como también en los
esquemas y modelos mentales, en el estilo de trabajar, de consumir y por supuesto de
vivir. En una transformación tan radical que ha venido poniendo en duda todo lo que se
había aceptado, elimina viejos esquemas, produce bases para nuevos paradigmas y trayendo
como consecuencia la formación de un nuevo tipo de sociedad. La violenta rapidez como han
ocurrido los cambios comprometen cada vez más a la gente a prepararse para asimilar las
proyecciones y consecuencias del acontecer mundial llamado: "Revolución del
Conocimiento". Los especialistas en formación tienen la obligación
ineludible no solamente de entender su significado, debido que fr no asimilarlo y ponerlo
en práctica quedarían rezagados de las nuevas orientaciones que ya le están dando forma
a un nuevo esquema en esta "aldea global". En consecuencia el nuevo líder de la
formación debe desarrollar en los momentos actuales entre otras la competencia de
prospección, tendente a visualizar los nuevos límites y derroteros que está siguiendo
la sociedad actual en su constante transformación, la cual exige cada vez más calidad en
los productos, bienes y servicio. Y la formación es un servicio.
Los procesos de formación continua no podían quedar al margen de
este contexto. Bajo estas realidades la calidad del servicio prestado ha adquirido
un lugar decisivo en el campo de la competitividad. Siendo significativo el enfoque de la
calidad en los procesos de formación: desde el simple control de la conformidad del
servicio final, la calidad ha pasado a la progresiva implementación de una política de
calidad total, incluyendo una garantía de calidad en todos los servicios de entrenamiento
y capacitación. Los riesgos de la falta de calidad en dichos procesos pasan a ser objetos
de un monitoreo constante. Estos nuevos escenarios han venido reafirmando iterativamente
lo siguiente: "Hasta ayer, el interés por la calidad había sido enfocado hacia el
aspecto técnico de los productos y servicios. La nueva toma de conciencia sobre la
calidad, amplía este concepto incluyendo ahora el aspecto del factor humano, por cuanto
es la calidad de la gente y su desempeño la que crea los productos y los servicios".
¡La calidad de la gente, base de cualquier otra calidad!
El objetivo final de un sistema de formación profesional es
producir: "competencias". Uno de los conocimientos que debe aprender a
administrar el líder o especialista en formación es el concepto de competencia, el cual
contribuye muchísimo a la calidad del proceso. Dicho concepto es: Conjunto pertinente,
reconocido y probado de las representaciones, conocimientos, capacidades y comportamientos
transferidos a propósito por una persona o un grupo a un lugar de trabajo", así
como también debe garantizar la calidad de las competencias como: "la capacidad de
las mismas para satisfacer las expectativas del sistema cliente de la formación".
Otra de las experticias que debe desarrollar este líder es la calidad de la aplicación,
concebida como: "la calidad relativa a la transferencia y al almacenamiento, en el
lugar de trabajo, de lo adquirido durante la formación". Debiendo estimular el
mantenimiento de las competencias, interpretado como: "un conjunto de las
actividades, métodos y dispositivos consistentes en mantener una o varias competencias y
su estado inicial de adquisición". Este mantenimiento permite evitar la erosión y
el olvido de las competencias. Todo esto es necesario e indispensable debido a que el
servicio que se espera de la formación son las competencias profesionales que ésta
produce. Incluso antes de preguntarse sobre las condiciones de una garantía de la
calidad, conviene poner de manifiesto cómo reconocerán los clientes (socios,
prescriptotes, participantes
) que el servicio prestado es de calidad.
Este nuevo especialista en entrenamiento y capacitación debe
internalizar que en los sistemas de formación el cliente no es un mero consumidor pasivo.
Cada vez se solicita más su intervención, su colaboración, en los servicios que se le
proponen. Según la expresión de Alvin Toffler, está llamado el cliente en los
procesos de formación- a desempeñar el papel de "prosumer" (consumidor-productor).
Es decir se produce: "servucción".
En la presente economía de servicios, caracterizada por una fuerte
terciarización de todas las actividades productivas, el valor económico de los productos
depende más de los costes vinculados a la obtención de su resultado que a los exigidos
por su producción. Lo que el consumidor compra no es tanto el producto en sí mismo, como
su funcionamiento. El binomio producto-servicio se hace indisociable y la parte del
servicio tiende a convertirse en preponderante. "El consumidor compra cada vez
más sistemas que funcionen y no sólo objetos". Este nuevo especialista en
formación debe entender que los sistemas de formación no escapan a esta evolución. En
consecuencia deben aprender a administrar lo que se convierte en lo central, lo que
fundamenta el "valor" de los procesos de formación profesional es su
capacidad para producir competencias que sean transferidas de forma efectiva al lugar de
trabajo. "La calidad de uso" o de la puesta en práctica de las
competencias es un componente determinante de la calidad de la formación.
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