EVALUACIÓN PEDAGÓGICA

 

“No hay que evaluar sólo el
aprendizaje del alumno, también es imprescindible
evaluar la enseñanza como proceso que
suscita y genera aprendizaje”.

R. Flórez O.

La acción de impartir educación, es un acto que -sin temor a equivocaciones- exige a los protagonistas (docentes, alumnos, personal administrativo y obrero) de dichos contextos ciertas cualidades que en otros sectores laborales, ni siquiera son exigidos, además que en los escenarios en donde predominan los procesos de aprendizaje, prevalece un componente que es único y que difícilmente se puede encontrar en otros contextos, que de acuerdo con el Dr. A. Toffler es lo siguiente: el cliente -estudiante- no es un mero "consumidor pasivo". Cada vez se requiere más de su participación, de colaboración, en los servicios que se le ofrecen. Es decir está llamado a desempeñar el rol de "prosumer" (consumidor-productor), en consecuencia se produce lo que en materia de excelencia del servicio se denomina "servucción" (servicio producción). Con esta característica muy sui géneris, el valor intelectual añadido es cada vez más importante en la producción de conocimiento, se genera una creciente incorporación de lo inmaterial y de la inteligencia. La noción de servicio, y la calidad que debe caracterizar los escenarios de aprendizaje, se convierten en esenciales. Por ende, evaluar el acto educativo es valorizar la calidad de las experiencias de aprendizaje adquiridas que, sin lugar a dudas, favorecen a una nueva generación.

En este mundo globalizado, las colectividades -conjuntamente con la humanidad- precisan muchos esfuerzos humanos y materiales tendentes a garantizarle a los miembros de las nuevas generaciones oportunidades de capacitación y desarrollo, así como también de convivencia social, de una alta competitividad y muchas satisfacciones individuales, como para que la misma sociedad no sepa qué está pasando con la formación de sus integrantes, qué tan satisfactoria es la experiencia educativa para los estudiantes y qué tanto progresan en tal sentido y de la calidad esperada. Por eso se hace necesario diseñar y administrar nuevos métodos de evaluación integral de los procesos de aprendizaje. En estos nuevos juicios valorativos debe tener un lugar especial el enfoque cognitivo, por cuanto éste último encaja un cambio pedagógico valioso en las acciones de la evaluación educativa, reclamando de la valorización convencional, recobrando para los procesos de aprendizaje como un gran índice de gestión pedagógica, que investiga y analiza, a través de los indicadores de gestión, el rumbo, el ritmo, el impulso y el esfuerzo específico del proceso mediante el cual los alumnos desarrollan sus habilidades de pensar en las diferentes áreas del conocimiento.

Tomando en cuenta las ideas y los conceptos expresados en los párrafos anteriores existen cuatro instancias, con sus respectivos indicadores, en donde se puede evaluar la calidad y la pertinencia de los procesos de aprendizaje. Ellos son: 1º) Calidad de orientación (período conceptual), cuyos indicadores son: de pertinencia y de control estratégico; 2º) Calidad de concepción (período de planificación) y los indicadores son: coherencia, de sincronización, de eficacia y de consistencia; 3º) Calidad de Interfase o conexión (período de realización) y los índices son: eficacia pedagógica y de implicación de los alumnos y 4º) Calidad de aplicación (período de ejecución) y los indicadores predominantes son: de la transferencia de los conocimientos adquiridos, de eficacia, de adaptabilidad de las competencias y de mantenimiento.

Se mencionó en los párrafos anteriores la importancia de incluir en el técnica de evaluación de los procesos de aprendizaje el componente cognoscitivo, por cuanto aproxima lo interno y lo externo a través de la acción que el alumno ejerce sobre el mundo que lo rodea y sobre sí mismo, y en el mismo movimiento unitario cambia el entorno y se cambia así y, en esa orientación cambia el medio ambiente y también se transforma en la medida como percibe la realidad de una forma diferente.

De acuerdo a R. Flórez O. en referencia a los procesos de evaluación del aprendizaje significativo, afirma lo siguiente: "En la perspectiva cognitiva también se evalúa (y en algunos casos la evaluación puede incluso ser cuantitativa), pero los indicadores de logro no son un muestreo del dominio de aprendizaje que se pretende evaluar. En la perspectiva cognitiva, un indicador de logro es una señal reveladora del nivel de comprensión y del tipo de razonamiento que alcanza el alumno sobre el tema o disciplina particular objeto de la enseñanza".

Cuando estos indicadores de logro cognitivo, bien formulados no satisfacen en la práctica ni al alumno ni la facilitador, hay que regresar a prestar atención a la manera como el estudiante aplica las estrategias metacognitivas generales y específicas de autorregulación de su proceso de aprendizaje para que las active y las utilice de forma eficiente.

Sin temor a equivocaciones es imposible avanzar en los procesos evaluativos en las diferentes áreas del saber y del aprendizaje mientras no se aclare qué es lo que importa enseñar y evaluar.