LOS CAMBIOS PARADIGMÁTICOS Y LA RESISTENCIA

 

"Pero el hombre siente tal pasión por
los sistemas, por las deducciones
abstractas, que está dispuesto a cerrar
los ojos y a taparse los oídos ante la
verdad, sólo para justificar su lógica"
F. Dostoievsky

Desde el punto de vista humano, existen muchas causas –racionales e irracionales– para demostrar una gran resistencia a los procesos de revolución (cambios y/o transformación pacífica).

Entre los distintos modelos de causas están: el miedo –uno de los cuatro gigantes del alma– a lo desconocido, la inseguridad, el rechazo y la crítica (sana y malsana). Estas justificaciones también pueden tener su origen en el inconsciente, sin una base objetiva (o "consciente y voluntaria") que las sostengan. Normalmente, en los paradigmas se encuentra -con mucha facilidad- esa persistente resistencia involuntaria a los cambios.

Cuando se trata de cambios paradigmáticos, se confirma que éstos crean una pared que impide la capacidad objetiva de percibir el mundo exterior, tal y como es: ¡como un todo! Y, en vez de eso, tratan de buscar diferentes opciones enfocando su proceso intelectual de una manera mecanicista; es decir, convencional. Obviamente, pues todo lo mental es subjetivo: nunca es objetivo.

Cuando la realidad del entorno no se adapta a las reglas reptiles del cerebro, se manifiesta un comportamiento totalmente pesimista que impide la posibilidad de la comprensión y entendimiento total de la realidad paradigmática. Hasta se puede llegar a negar una innovación creativa, si este acontecimiento no está "etiquetado" en la forma tradicional de pensar, trayendo como consecuencia este estilo actitudinal, implicando una mala administración de la información y, por consiguiente, el no aprovechamiento de los beneficios que del cambio se puedan obtener. ¿La causa?: cada mente construye su verdad, independientemente de la realidad.

Un nuevo paradigma surge cuando el anterior no tiene capacidad de explicar algunas desviaciones que se presentan en las normas admitidas (compartidas). Comienza a generarse cuando se acumula un exceso de interrogantes que se salen del marco establecido y que el actual paradigma no tiene capacidad de explicar y mucho de solucionar. Es criticado en forma continua y, bajo algunos eventos, puede surgir una nueva y vigorosa realidad que puede explicar las refutaciones aparentes, estimulando una nueva manera de percibir el mundo exterior: un nuevo principio… una nueva visión; es decir: un paradigma emergente.

Al inducir la creación de una nueva teoría, más comprensiva –función básica de todo líder democrático–, el resultado no es destructivo, sino todo lo contrario es: ¡instructivo! Dependiendo de la estrategia de implementación, un nuevo paradigma genera conocimiento, nuevos datos y, en consecuencia: nueva información. Todo paradigma diferente envuelve una filosofía que -a través del estudio del ser humano- siempre ha existido y que difícilmente ha sido reconocida por la mayoría. Es la arcaica concepción de los componentes del entorno como una verdad parcial de la realidad, sin que ello represente que esos elementos puedan funcionar de otra manera. La experiencia reafirma que muchas veces el viejo paradigma no ha tenido resultados positivos debido a que ha habido un encasillamiento reptil en una única manera de hacer las cosas.

La gente que demuestra una alta resistencia al cambio no es capaz de percibir sanamente la realidad, a pesar que siempre el nuevo paradigma envuelve al viejo, asimilándolo bajo una perspectiva más estrecha (de aquí el no poder asimilarlo; lo contrario ocurriría si tuvieran amplitud). El común de las personas son especialistas en focalizar el árbol, pero no han aprendido a ver el bosque en su totalidad por cuanto reúne el saber tradicional con el rebelde en una teoría normal, a pesar que el nuevo paradigma es incluyente, no excluyente (porque es posible que no sepan que es así). Debido a que el nuevo paradigma es más vasto, abre con él un sinnúmero de opciones que el anterior desconocía o las tenía ocultas. Debido al poder y el alcance de las nuevas ideas paradigmáticas, podría esperarse que éstas se aplicaran velozmente, pero en la realidad es todo lo contrario. La resistencia radica en que para poder aplicar la nueva realidad se tiene que borrar el paradigma anterior; de no suceder, la sombra del precedente contagiará las ideas y conceptos producidos por el nuevo. Esta nueva realidad reclama un nuevo modelo mental –este cambio se puede lograr mediante un proceso comunicacional persuasivo, característico de todo líder democrático–, por cuanto los seguidores más enraizados al viejo paradigma demostrarán una alta resistencia a aceptar las nuevas realidades. Un nuevo paradigma significa dar vuelta a la hoja e iniciar con una en blanco!

Los líderes autocráticos retan al sistema establecido cuando tratan de imponer –a raja tabla- una nueva idea, un cambio o un modelo diferente, surge entre los integrantes de la comunidad organizacional y/o sociedad del viejo paradigma un gran sentimiento de rechazo contra la transformación del orden establecido de las cosas. Normalmente y a primera vista, cuando este tipo de líder trata de ordenar la nueva idea, la cual parece extraña y sobre todo muy peligrosa, debido a que él proponente dió un salto intuitivo, sin tener la información o las pruebas suficientes que puedan apoyar adecuadamente su hipótesis reciente, devienen la incomprensión y la resistencia.

Cuando se pretende imponer un nuevo paradigma a como dé lugar –características de los líderes autocráticos– causa mucho dolor y pone en peligro el estatus de los diferentes componentes del sistema social y organizacional establecido, las personas afectadas por esta coacción se opondrán, inclusive: agresivamente, a adoptar y ejecutar cualquier nueva regla del juego.