"Los cambios en el entorno se ven como
retos que se presentan a los que
la organización debe responder"
G. Morgan
Si la concepción del cambio fuese un proceso "natural" en el
mundo organizacional, si las modificaciones ocurrieran hedónicamente, tal vez no se
habría escrito y mucho menos se escribirá tanto relacionado con dicho fenómeno. Sin
embargo la realidad demuestra otro escenario, por cuanto se está en el mundo del
reconocimiento de las contradicciones, se ha podido aprender que para seleccionar el
cambio, lo que existe no desaparece del escenario, y además muchos expertos en desarrollo
organizacional pretenden que lo que se cambia permanezca a su vez. Pero las organizaciones
no están en equilibrio, existe en ellas un proceso dialéctico permanente entre lo
instituido y lo instituyente. Las distintas categorías de los paradigmas existentes,
también denominados cadena sintagmática, al ocurrir los cambios, tienden a crecer
semánticamente. Un cambio en la estructura organizativa tiende a modificar también la
distribución del espacio físico, los sistemas de información y el sistema de
remuneraciones. Dicha expansión de cada uno de los componentes está condicionada por la
semántica de los términos contiguos. Son los mismos paradigmas quienes pueden anular el
sistema. Si ocurre un cambio en la estructura formal de la organización, pero no el
espacio ni la información, ni las remuneraciones, se puede decir sin temor a
equivocaciones que se está frente a un cambio conservativo. Nada ha cambiado
esencialmente, se está dentro de la misma estructura de significación.
Por otra parte, si las nuevas realidades tienden a expandirse
semánticamente a los elementos contiguos, a imponerles su sentido obligándolos de esta
manera también a cambiar, se está frente a un cambio innovativo, que reclama una
modificación en las estructuras de significación. Mientras que se puede estar frente a
un cambio destructivo, cuando existe un cambio de identidad, no sólo modifica la
estructura de significación anterior, sino que la destruye. Bajo este último escenario
nada puede darse por sentado, todo debe ser puesto en duda. No se trata de un cambio de
algunos paradigmas, ni de un reordenamiento por medio de nuevos y renovados conectores. Se
destruye la realidad anterior , es decir la cadena sintagmática; y es necesario
construirla nuevamente.
De acuerdo a las ideas expresadas en los párrafos anteriores, se ha
hecho referencia a la existencia de algunos factores constitutivos muy relacionados a la
sobrevivencia de la empresa. Estos factores constitutivos tienen una doble condición de
constituir y reforzar lo existente y de "restringir" lo emergente. Desde ese
punto de vista, se puede apreciar entonces el carácter paradójico, en el sentido en que
por una parte le dan vida a la organización, la producen y la reproducen, la hacen
esencialmente igual así misma, y por otro lado la detienen, la congelan, evitan que se
transforme en otra. A estas ideas hay que agregarle de manera explícita o implícita, la
contradicción que se establece entre individuo y organización. En efecto, la autonomía,
la incertidumbre, la flexibilidad y el libre albedrío de una persona capaz de ejercer una
crítica de su vida cotidiana resultan extraños al orden de la organización, son para
ella desorden.
De acuerdo con L. Schvarstein el trabajador es, para la organización,
un inconsciente. En esta afirmación existe una epistemología implícita. La ética que
la determina es la del todo. Entonces es necesario colocarse del lado organizacional para
reconocer en la presencia de la persona la amenaza del desorden. Pero podría ser al
revés, se puede señalar cómo el peso de lo instituido, la prevalencia de lo normativo,
el determinismo que impone la organización se convierte en desorden para la capacidad
creadora del sujeto. Sin lugar a dudas que estas consideraciones son las que permiten
enfatizar el carácter contradictorio de esta polaridad. Si se decide por la eficacia del
todo, desaparecen las personas. Si se opta por la adaptación activa a la realidad, se
pierde de vista la viabilidad empresarial. ¡No se puede percibir al mismo tiempo el
bosque y el árbol!
Se puede considerar desde el punto de vista de la dialéctica
organizacional, que en el proceso de organizar existen tres momentos importantes, los
cuales son: a) es el de la afirmación. Es el de la enunciación de una voluntad positiva
que convoca a los participantes a aunar sus esfuerzos tendentes a la consecución de un
objetivo en común; b) si el primer momento era de afirmación, este segundo momento de
particularidad consiste en la negación de esa afirmación, por la vía de la
manifestación y la confrontación de los intereses particulares y c) es necesario negar
la negación, accediendo así al tercer momento de la dialéctica, el de la singularidad,
que representa realmente el momento de la organización.
Semejanza y diferencia, egoísmo y altruismo, cooperación y competencia,
individualidad y sociabilidad, estos son algunos de los términos complementarios y
antagónicos paradigmáticamente inscritos en la relación dialógica
individuo-organización. La persona acepta los límites que le impone la organización,
porque ella se constituye en un medio para la satisfacción de sus fines. Toda
organización se nutre de repeticiones y recurrencias, estas infinitas interacciones
recurrentes generan valores y conductas muy estables en la organización y que son muy
difíciles de cambiar, además que en las organizaciones se toma muy en cuenta el
componente de la recursividad, ésta expresa la clausura organizacional que resulta de la
indisoluble relación que existe entre las representaciones de lo organizado y los modos
de organizar. Este contexto significa autorreferencialidad, cierre sobre si mismo,
homeostasis para mantener invariante la propia indentidad organizacional.