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¡CUIDADO: CONOCIMIENTO E
IDEAS NO SON LO MISMO! (*).
"Sólo hay un bien: el conocimiento.
Sólo hay un mal: la ignorancia".
Sócrates (470-399 a. C.); filósofo griego.
Las decisiones pueden ser el producto de aplicar
técnicas aritméticas y/o no aritméticas asociadas al proceso de su concepción y
adopción. Las que resultan de tomar en cuenta el "conocimiento" disponible (el
nacido -empírica y/o científicamente- de la observación y consideración analítica,
que haya sido asentado -o no- en las fuentes -primarias o secundarias, impresas,
electrónicas, etc.- de información) respecto de algún asunto -teórico y/o real- se
denominan analíticas o matemáticas. Las otras (dialécticas o no matemáticas) resultan
de considerar y darle valor a las "ideas" que surgen en la interioridad del
decisor y por ello puede llegarse a argumentar plenamente su justificación e incluso -a
veces, y no pocas- pueden ser inexplicables; es decir: indefendibles, sin que con esto se
asevere que son ilógicas o irracionales, pues -en esencia- no son del todo así, porque
vale recordar que hay algo (denominado: "Inteligencia Emocional") cuya
aplicación en el proceso decisorio está siendo aceptado cada día más. Aceptar lo
anterior implica admitir que "conocimiento" e "ideas" no son lo mismo
y es válido ahondar en su diferenciación, lo cual pide disipar las espesas capas de
niebla que por su existencia posibilitan la confusión que puede entrañar el éxito o el
fracaso gerencial relacionado con toda decisión.
"Conocimiento" es la acción de conocer
(tener la noción de algo: tener conciencia de la existencia de algo y reconocer lo que es
como es; por ello es el antónimo de "ignorancia"), pero no es sólo eso, pues
lo contrario puede no ser sólo ignorancia, sino rebelión, porque si se conoce algo y no
se acepta como tal es darle la espalda voluntariamente a la realidad y puede significar la
consagración a la destrucción. Todo conocimiento está basado en la verdad fundamental
(la realidad), pues lo contrario no es conocimiento. Por otro lado,
"conocimiento" e "información" son dos voces que guardan relación
con lo tratado acá y el significado de tales expresiones tampoco debe prestarse a
confusión, pero eso será tratado en otra ocasión.
Por su parte, "idea" es la representación
de algo en la mente (bien sea un concepto, una creencia, una corazonada, etc.), pero
también es un modo de ver, una imagen, eso que puede ser expresado por medio de signos y
que según la filosofía platónica es el tipo eterno de cuanto existe. La idea resulta
del pensamiento (la facultad de comparar, combinar y estudiar). La voz idea es la raíz de
otros tres vocablos: ideación (formación de ideas), idear (formar en la mente la
representación de algo, proyectar, imaginar), idealización (creación de formas
imaginarias diferentes de las reales). Estos tres términos constituyen el meollo de la
diferenciación que conviene poseer respecto de conocimiento e idea, pues de ahí se puede
comprender que una idea puede ser una forma imaginaria diferente de lo real (una ficción,
una suposición, algo acomodado a la mentalidad de quien la concibe o la acepta así
dentro del contexto conformado por un tiempo y un medio ambiente), pero también puede ser
el origen del sendero que lleve hacia un conocimiento y este dilema reclama suma cautela.
Ante estas aseveraciones cabe destacar que cada cual
ve el mundo a través de unos filtros (experiencias, creencias, temores, suposiciones,
etc.) que determinan su "modelo mental individual" (que podría denominarse el
"vitral mental", pues está conformado por muchos trozos de vidrios de diversos
colores); entonces, puede convenirse que lo que vemos del mundo y de nosotros mismos
depende de los distintos filtros que constituyen tal vitral y es necesario darse cuenta de
esto, pues todo depende del cristal por el cual se vea (cada quien ve a través de la
lente de su contexto personal o vitral mental) y es necesario tener conciencia de que el
modo como vemos al mundo y a nosotros mismos no es necesariamente un verdadero reflejo de
la realidad de los hechos, puesto que puede ser una gran mentira que nos creemos.
Revisar la historia puede ayudar a percibir lo que
acá se está ofreciendo y esto pide a la mente de quien lo está leyendo activar su mejor
estado de alerta para hallarlo y -luego- aprovecharlo: hace milenios, el humano concebía
que el centro del universo era la Tierra (la teoría geocéntrica que fue asumida por los
griegos de la antigüedad, difundida por Aristóteles unos 350 años antes de Cristo, y
ratificada por Tolomeo -astrónomo y astrólogo- en el siglo II d.C.). Éste fue el
concepto adoptado por la Iglesia Católica cuando -en el siglo XIII- santo Tomás de
Aquino (autoridad teológica del catolicismo) construyó un híbrido -al fusionar lo
aristotélico con la enseñanza católica- que se convirtió en dogma de esta Iglesia (la
autoridad establecida o poder supremo), ente que luego se declaró en contra de la teoría
de Nicolás Copérnico, quien -en el siglo XVI- formuló la teoría heliocéntrica (la
verdad astronómica que vino de la observación analítica -científica- del cosmos
visible para aquel entonces: que el centro de nuestro sistema es el astro Sol y no el
planeta), y surgió el enfrentamiento entre "conocimiento" (heliocéntrico) e
"idea" (geocéntrica), naciendo un gran conflicto que implicó hasta la
excomunión y la sentencia a "cadena perpetua domiciliaria" de Galileo Galilei
-un astrónomo, matemático, físico y católico- quien, en el siglo XVII, fue catalogado
como "¡hereje!" por la Inquisición: uno de los motivos por los que -360 años
después de haberse cometido semejante error- el Papa Juan Pablo II ("El
Grande") pidió perdón a la humanidad oficialmente en nombre de la Iglesia de Roma,
porque ésta había sucumbido a las ideas: un gran ejemplo a tener presente siempre.
¿Porqué? Para no seguirlo, pues -a pesar de
ostentarse el poder; incluso, el más grande de todos- conviene suscribir lo dicho por
Galilei: -"Dos verdades no pueden contradecirse mutuamente" y por ello no
han de abrazarse las ideas que contradicen el conocimiento, porque después habrá que
arrepentirse. Por esto, lo recomendable es que las decisiones se basen en el conocimiento,
pero no ha de desestimarse el hecho de que también pueden inspirarse en ideas y por esto
hay que medir muy bien las consecuencias que eso puede tener. Para dimensionar
adecuadamente lo que se está esbozando, basta responder cómo han de ser las decisiones
que se adoptan en la NASA: ¿matemáticas o dialécticas? Es cierto, hay decisiones en las
que la influencia del efecto de la Inteligencia Emocional (donde se arraigan las ideas) es
determinante: ésas donde un "golpe de suerte (lucky strike)" se basa
exclusivamente en las corazonadas que tienen como única justificación o explicación las
ideas que han surgido en la interioridad del decisor (algo que siempre entraña una
apuesta; es decir: el peligro de tener que pagar por ello y... quién sabe de qué tamaño
es lo que se deba entregar).
(*): Tomado del material de apoyo.
escrito por Édgar Arenas P; utilizado en el Módulo "Tópicos Gerenciales" del
Diplomado en Salud Ocupacional de una acreditada universidad regional. |
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