Sin lugar a dudas los términos que han estado de
moda en los últimos tiempos en el mundo empresarial como consecuencia del modelo
económico neoliberal son los siguientes: "Globalización",
"Internacionalización; "Economía Planetaria"; "Competitividad";
"Ventajas Comparativas"; "Ventajas Competitivas"; "Calidad
Total"; "Excelencia"; "Mercado Mundial", entre otros. Por
supuesto que en el mundo empresarial venezolano estas expresiones por su concepción
esnobista se usan en todos los discursos organizacionales y en todos los niveles. Los
"trillados" con mayor frecuencia son "Economía Globalizada" y
"Competitividad"; sin embargo ambas connotaciones - y quizás por la condición
de moda - son vocablos que despiertan mucha discusión en el país, están plagados de
incomprensión, prejuicios y mucha confusión.
No puede confundirse la transnacionalización y multinacionalización
con el proceso de globalización, por cuanto este último tiene características
cualitativas y cuantitativas que lo diferencia de los anteriores. Entre las principales
variedades se destacan entre otras las siguientes: a) las "ventajas
competitivas" que ofrezca un país son determinantes para el establecimiento de los
procesos productivos; b) el origen de la organización no nesecariamente está
identificado con una nación única; c) los centros de las altas decisiones, así como el
abastecimiento están situados en diferentes partes del planeta; d) las inversiones son
cortas y "moviles", por cuanto no se requieren grandes obras de infrastructura;
e) el proceso de valorización de la invesión, normalmente se realiza en un período no
mayor de dos años. La fuerza laboral altamente calificada, el uso eficiente de la
información, la seguridad y la eficiente infraestructura de los servicios públicos son
las variables de más alta calificación cuando las organizaciones globales adoptan la
decisión de hacer inversiones o simplemente de actuar temporalmente en tal o cual parte
de la tierra.
Dentro de este escenario Venezuela desde hace mucho tiempo está
incluída por cuanto somos un país eminentemente petrolero y tradicionalmente nuestra
economía ha estado estrechamente ligada a la internacional; incluso, en los momentos de
la sustitución de importaciones, por medio de las exportaciones petroleras, las
importaciones de bienes de capital, alimentos e insumos industriales. El PIB venezolano
desde hace aproximadamente un siglo depende en gran parte de las exportaciones petroleras.
Por otra parte las industrias básicas del estado como son el aluminio y el acero también
exportaban, gracias a los subsidios de exportación. Es decir el país, por su tradición,
debería tener experiencia internacional o globalizada. Los líderes tanto del sector
privado como público, en los actuales momentos deberían acreditar conocimientos
profundos acerca de la significación que representa esta experiencia. Pero la realidad es
otra.
Los líderes venezolanos tanto de la administración pública como de
la privada, de acuerdo a los resultados de los últimos años han demostrado que les falta
madurez para poder competir exitosamente con empresas de categoría mundial. Como
consecuencia de esta realidad nuestras instituciones requieren líderes altamente
competitivos, con una gran visión de futuro, elementos éstos que podrían garantizar las
medidas mundiales de eficiencia, de eficacia y por supuesto, de rentabilidad.
Estas nuevas realidades las define el Dr. O. Urdaneta (1997) de la siguiente manera