CARACTERÍSTICAS DEL LIDERAZGO CAUDILLISTA

Es muy difícil entregarse emocionalmente
a otra persona, pero es imposible estar solo
S. Sondhein

El caudillismo es un fenómeno político caracterizado por el liderazgo que ejerce una persona sobre un sector del conjunto social, con el fin de modificar una situación política, económica o social que afecta perjudicialmente a parte del conjunto.
Las características personales de un caudillo, entre otras, son las siguientes: fuerte personalidad, ambición de poder, atractivo o carisma, dotes oratorias y literarias, crueldad, valor, capacidad de mando político-militar, etc.

Caudillismo y no renovación de cuadros dirigenciales, oposición sistemática y no propositiva, así como transfuguismo y carencia de programas de corto, mediano y largo plazo, son parte del diagnóstico que académicos y analistas hacen del funcionamiento actual de las organizaciones nacionales (tanto públicas, como privadas).

Ello no sería grave para el país, pero se debe tener presente que es sólo por medio del sector productivo, de los partidos y de los políticos, que la sociedad se manifiesta para escoger a quienes dirigen el destino de la nación.

Esa circunstancia incide en el desarrollo nacional, debido a que de las organizaciones políticas provienen las autoridades, sean éstas del país, estadales o municipales. Pero también de dichas instancias surgen los planes de gobierno, que en la gran mayoría de los casos no responden a las necesidades de la sociedad, sino a intereses, inquietudes u ocurrencias de los caudillos o sus allegados.

El caudillismo es una institución no democrática en el seno de las instituciones y/u organizaciones; ese sistema no está favoreciendo a la democracia, es la impresión que predomina en la sociedad, una alusión a que las organizaciones políticas deben fortalecer sus cuadros medios y altos para no estar supeditadas a las directrices de un líder.

Los expertos también cuestionan el proceder de los dirigentes políticos cuando no están en el ejercicio del poder, sea éste municipal, regional, nacional o parlamentario. Destacan como norma universal que los opositores se ensañan contra el grupo gobernante y se empeñan en bloquear sus iniciativas, sin meditar en los efectos o alcances ulteriores de tal actitud.  Aquí un partido político torpedea la gestión pública de otro y no piensa en la conveniencia social o mayoritaria. Ellos (los partidos) sí entienden el papel que debe desempeñar una oposición, pero lo que no comprenden es oposición a qué.

En nuestro medio, los partidos son de ocasión, no de formación.  Esto se refiere al accionar de las organizaciones que cada período eleccionario se reactivan en busca de electores y de ganar la mayor cantidad posible de puestos en contienda, pero que luego caen en letargo.  La impresión imperante es que lo único que les interesa es captar votos y alcanzar a los jóvenes, a las mujeres y a otros sectores; es el típico partido “atrapalotodo”.

Otra debilidad señalada a las organizaciones políticas nacionales es la falta de ideologías definidas, que sustenten su accionar y los preparen para encarar los procesos. Para citar un ejemplo, a través de la historia del antiguo Congreso Nacional y de la actual Asamblea Nacional, un número significativo de diputados abandonaron las bancadas por medio de las cuales obtuvieron un espacio en dichas instituciones, y se declararon independientes o se trasladaron a otros bloques, en algunos casos, con una doctrina totalmente opuesta a la original. Ese fenómeno no es exclusivo de los parlamentarios, pues también muchos de los alcaldes han cambiado de bandera política. Ello también afecta las bases partidarias, que regularmente se mueven con sus líderes o caudillos. 

A juicio de los analistas, esta alta volatilidad deja al descubierto que las organizaciones políticas no tienen raíces profundas ni bases de apoyo social (y que esos “brinca la talanquera” tampoco tienen ideales ni principios que les rijan su accionar).  El electorado se va moviendo de una liana a otra en cada elección, con mucha facilidad.
 
La visión que predomina es que los partidos políticos aún no han logrado desarrollar una visión de largo plazo, pues dirigen sus esfuerzos solamente a fortalecerse y hallar la gracia en los ojos de los electores durante la contienda más próxima, y se olvidan de que tienen la tarea de proponer políticas de corto, mediano y largo alcance que contribuyan, con el aporte de otros sectores, a promover el crecimiento y el desarrollo nacional.
Las coincidencias de intereses entre el caudillo y la base social que le sirve de sustento no siempre son totales; a veces, muchos de los intereses del conjunto son más amplios que los del caudillo, pero en general hay una identidad entre las características y apetencias del caudillo y los intereses del grupo social que comanda. Por ejemplo: el caso de “Boves” que surgió como caudillo de los llaneros venezolanos en la Guerra de Independencia gracias a que sus aspiraciones coincidían con las del conglomerado social.