"En la última década, las compañías
se han visto obligadas a buscar técnicas
más eficientes de administración
ante un mercado global
que se acrecienta más cada día"
B. L. Joiner
A través de la historia reciente de la humanidad muchas y
diferentes profesiones se han dedicado al estudio del liderazgo y las relaciones humanas,
tanto en el mundo empresarial, así como también en otras organizaciones. Entre los
psicólogos, sociólogos y científicos sociales que han investigado los estilos de
liderazgo, figuran entre otros los siguientes: Bernard, Davis, Fiedler, Mayo,
Roethlisberger, Likert, Dickson, Garner y el equipo de trabajo inglés del instituto
Taviskock. El liderazgo en los escenarios de aprendizaje ha sido estudiado por Hemphill,
Thelen, Rogers y Cantor. El cambio social y el liderazgo en la comunidad han sido el campo
de investigación de los científicos como Lewin, Merton, Deutsch, Schein, Festinger,
Lippit y French. Se han llevado a cabo estudios claves en la investigación del liderazgo,
de importancia directa para el establecimiento de las cuatro generaciones de gerentes, en
las universidades de Ohio, Michigan y Harvard. Tras una serie de investigaciones
realizadas por Blake y Mounton en los Estados Unidos, se concluyó que las dos variables
básicas que conforman el comportamiento del líder en general son la tarea a efectuar y
las relaciones con sus colaboradores. Sin lugar a dudas que las tareas y las relaciones
incluyen dimensiones fundamentales del comportamiento del gerente. Los dos elementos
distintos de cualquier actividad del gerente son la tarea a realizar y la habilidad de
relaciones humanas que se requieren para lograr que la tarea se cumpla.
Los consultores expertos en cambiar la forma cómo se administran las
empresas, en muchas oportunidades se encuentran con ciertos criterios disfuncionales en
las operaciones de las compañías que asesoran. Por cuanto en donde los empresarios
veían mejoramiento, el consultor tal vez veía ineficiencia. En donde veían los patronos
progresos, los consultores veían una falta de interés y preocupación por los clientes.
En donde veían una acción eficaz, los asesores veían ejecutivos, que sin advertirlo,
estaban empeorando la situación. Bajo ese panorama, muchos consultores no saben que
decirles a los altos gerentes de esas empresas para ayudarlos a percatarse de que estaban
en problemas. Debido a este ambiente los consultores exitosos han descubierto que la
pregunta más importante no es: ¿Obtienen ustedes progresos?. Sino "¿Obtienen
progresos con suficiente rapidez?". Muchos ejecutivos comprenden la
importancia de este planteamiento: si no encuentran formas para mejorar a un mayor ritmo
las cuestiones más importantes, pronto serán superados por organizaciones que si lo
logran y se preguntan:. ¿Qué haremos al respecto? ¿Cómo vamos a mejorar más
rápidamente, año tras año?. Las respuestas a estas preguntas la suministran los
gerentes de la cuarta generación.
Las tres formas más conocidas de la forma de trabajar un gerente son
las siguientes: a) primera generación: la dirección lo abarca todo.
Representa la forma más sencilla y primitiva. El gerente mismo hace las cosas. Todavía
es utilizada. "Yo me encargo de esto". Es una manera eficaz de lograr que algo
se lleve a acabo, pero la capacidad es limitada. b) segunda generación: la
dirección ordena. La gente descubrió que podía ampliar su capacidad si indicaba a
los otros exactamente qué debían hacer y cómo hacerlo y c) tercera generación: la
dirección exige resultados. Los trabajadores se cansan y se fastidian de que se les
indiquen todos los detalles acerca de cómo hacer su trabajo, y dicen: "Nada más
díganme qué quieren y cuándo lo quieren, que yo me ocuparé de lo demás". Estos
tres estilos de gerenciar se encuentran en cualquier organización moderna. Pero no
siempre, se implantan en forma adecuada. Por supuesto, estos gerentes tenían toda la
razón. El sólo echo de regresar a los antiguos métodos no les traería un mejoramiento
rápido y sostenido. El mercado cambiante de hoy exige una transición a una
nueva generación de gerentes.
La dirección desde la perspectiva de la cuarta generación reconoce
los problemas básicos de las tres primeras generaciones e incorpora los métodos más
adecuados para superarlos. Evita la capacidad limitada de la primera generación, la
microdirección de la segunda, y las cifras y sistemas distorsionados de la tercera
generación. Los gerentes de la cuarta generación dan mucha importancia a los resultados,
pero saben que no los obtendrán sin un progreso radical. Se convierten en decididos
defensores de las necesidades de los clientes, en los impulsores del mejoramiento real.
Trabajan con otros empleados en calidad de socios, para colaborar en el diseño de
métodos cada vez más eficaces que les permitan conseguir mejores resultados.
La esencia de la gerencia de la cuarta generación se explica por medio
del famoso "Triángulo Joiner", en cuyos ángulos están los siguientes
componentes: en el ángulo superior o vértice está la calidad: entender que el
usuario es quien define la calidad y obsesionarse por complacer a los clientes; en
el ángulo inferior izquierdo se encuentra el método científico que significa
aprender a dirigir la organización como un sistema, desarrollando el pensamiento de
procesos y en el ángulo opuesto se aprecia un equipo de trabajo totalmente
integrado, es decir creer en la gente; tratar a todos los integrantes de la
organización con respeto, confianza y dignidad. Con el empleo de este triángulo se
refuerza la idea de dependencia entre los elementos: tomados por separado no son tan
poderosos como cuando se usan juntos. No reconocer su relación es la causa por la cual
tantas otras iniciativas gerenciales han fracasado en la práctica.