Tal vez el título de este espacio llame la
atención a los asiduos lectores del mismo. La connotación definitivamente es innovadora,
no solamente por que se pretende aportar a los verdaderos líderes organizacionales, que
han demostrado una gran habilidad para trabajar con gente; una visión nueva de su
contexto laboral. Las personas que han sido exitosas en sus funciones de liderazgo, saben
que una mayor parte del tiempo en dichas funciones consiste en enseñar a otros.
Con los cambios violentos paradigmáticos que han ocurrido en los
últimos años en nuestra sociedad, cambios no solamente de tecnología dura, sino
también blanda, se viene reafirmando insistentemente que dirigir no es simplemente
mandar, que dirigir en la habilidad de identificar y seleccionar con acierto metas y
objetivos a los más cercanos colaboradores, y por supuesto utilizar las mejores técnicas
de motivación intrínseca para que los alcance. De la experiencia del autor de espacio,
se puede afirmar que las responsabilidades y deberes de los que ocupan cargos de
dirección va más allá de la simple relación de subordinación, que a los más cercanos
colaboradores no solamente hay que indicarles las metas y objetivos y, motivarlos, sino
que deben educárseles, para que colaboren eficientemente en la consecución de los
mismos, así como sepan y quieran aprender a trabajar eficazmente en equipo, para
garantizar el logro de los fines de la organización. Y definitivamente esta realidad
tiene que ser así - trabajar eficazmente en equipo- , por cuanto esta técnica representa
una herramienta de garantía relacionada a la calidad de las decisiones que adopten,
además que un líder mal formado y mal informado representa una gran debilidad para la
empresa, sin otra defensa para tratar de mantener su cargo que la injusticia y el halago.
Bajo este panorama, tiene que haber un gran cambio en el estilo de gerenciar nuestras
organizaciones, por cuanto los aspectos institucionalizador y pedagógico deben ser
elementos claves del éxito organizacional.
Un buen líder, no solamente es un director de las operaciones de la
empresa, en la estricta connotación de la palabra, es sobre todo un maestro de sus
seguidores, en el sentido más honesto de esta sabia y antigüa profesión. Para
enseñar primero hay que aprender, y para saber mandar, primero hay que saber colaborar y
obedecer.
Tomando en cuenta este novedoso estilo de dirección, el verdadero
líder entre sus responsabilidades más importantes figuran las siguientes dimensiones: una
dimensión ética, indisoluble de su actuación como tal. La dimensión
institucional-moral, que caracteriza al líder genuino, ambas dimensiones exigen a los
líderes desarrollar un proceso de aprendizaje personal, que por supuesto deberá ir
alcanzando con la madurez organizacional. Este proceso de aprendizaje continuo reclama una
formulación, que debe incluir el aspecto ascético, de su carrera profesional. Los
directivos no pueden olvidarse de ciertos cualidades personales que son importantes debido
a su condición humana, tampoco le pueden hacer extraños los de sus más cercanos
seguidores, entendiéndose estos factores como el "Ciclo de Vida de los
Directivos". Los fundamentos de la ética orientan al directivo a hacer lo que
debe hacer y no lo que se le antoja, y frecuentemente lo alertan acerca de que su interés
personal debe supeditarse al colectivo y al de la empresa.
Bajo estas características, la empresa es un lugar donde el líder
organizacional realiza sus funciones, en consecuencia tiene que ser una
"organización humana", en donde diferentes tipos de personas interactuan
con diferentes interés y propósitos. Grupos de personas muy heterogéneos, denominados
entres otras con las siguientes acepciones: participes, accionantes, actores, etc. En
consecuencia el directivo en su función institucional, es el responsable por mantener el
delicado equilibrio representado por la convivencia exitosa entre los clientes externos (
gobierno, financistas, proveedores, etc. ) y clientes internos (accionistas, dueños,
colegas, gremios, etc.)
Tendente a cumplir satisfactoriamente esta misión, se hace
indispensable diseñar una buena planificación estratégica de los recursos humanos,
basada por estilos de liderazgo participativo, adaptados a la idiosincrasia de la fuerza
laboral e inspirada en una elevada escala de valores y principios. Bajo esta premisa,
resulta fácil entender que la dirección de los recursos humanos no es una tarea
únicamente de una unidad organizacional funcional de la empresa, es una función muy
sobresaliente de la dirección general. Es decir significa la superación del enfoque
mecanicista de la economía y, por elevación, del enfoque sociológico de la
organización. Este es un enfoque fundamentalmente humano de la empresa, que no por ello
se olvida de la función fundamental de agente económico, lo cual requiere de un
beneficio tangible, que paradójicamente y para obtenerlo, requiere la satisfacción
psicológica para sus trabajadores.
La función de crear los conocimientos, capacidades y habilidades
necesarias para conseguir este fin institucional es la que deben desarrollar los
directivos. Informando, entrenando y formando, tanto en los aspectos técnicos y
empresariales, como en los sociales. Pero sin olvidar el desarrollo moral y ético de esos
directivos. Este conjunto de actividades, al que actualmente se denomina educación, será
tanto más posible en cuanto se comprenda que siempre es una buena inversión
estratégica y nunca un gasto.