IMPERIO, AMOS Y ESCLAVOS (II)

"En todo y ante la tríada ‘imperio’, ‘amo’ y
‘esclavo (sometido)’,conviene ceñirse
sólo a los valores y principios".
Édgar Arenas P.

En la primera parte de este texto -publicada en este mismo espacio hace dos semanas- quedó asentado que en la naturaleza salvaje se ve que el más poderoso se come al más pequeño o débil y, que éste a su vez; a otro más frágil aún. En ese escenario, aquél que marca su dominación generalmente lo hace por razón de su poderío y no como consecuencia de la autoridad que le hace ser reconocido como poseedor de competencias que causan ser escuchado y seguido, habiendo quedado bien claro que "imperio" significa la acción de: imperar, mandar y dominar, entre otras acepciones; que puede ser ejercida por unos "amos", que han impuesto, imponen e impondrán sus creencias; a otros "esclavos: sometidos, explotados, etc." y que el dominio puede ser de varios tipos (ideológico, cultural, económico, político, entre otros), habiéndose expuesto lo que ocurre en Venezuela y en los Estados Unidos de Norteamérica respecto de las amenazas que se ciernen, en ambos países; contra el derecho de "propiedad privada", citándose que en donde el dominio del capital toma carácter de imperio se han rebasado todas las fronteras en favor de unos con mucho dinero y en contra de otros, razón por la que se preguntó cuál ha de ser la salida a implantarr ante esa circunstancia y se concluyó en que se hace necesario ¡pensar analíticamente y actuar estratégicamente!.

En esta segunda parte se trata sobre el imperio de las ideas que viven en la mente de un sujeto ("amo de la dominación") y que dominan el accionar de ese mismo individuo ("conjunto sujeto al imperio"); es decir: ambas condiciones: "amo de la dominación" y "conjunto sujeto al imperio"; coinciden en un mismo ser, quien por ello puede terminar haciendo maravillas y/o disparates: algo que desde el punto de vista gerencial es preciso saber para decidir "obedecer y someterse" o "insubordinarse y combatir"... ¡según sea la circunstancia particular!.

Las ideas de un sujeto pueden llegar a ejercer un dominio hegemónico sobre su accionar, pues puede darse la tríada "imperio", "amo" y "esclavo (sometido)". Así sucede respecto de los valores y los principios, porque son las fronteras que definen el modo de obrar característico de quien los ostenta: maravilloso, cuando son supremos, pero infame cuando son reptiles, llamándose "antivalores" y "antiprincipios" por las personas, organizaciones, sociedades y culturas que los catalogan así por oponerse a aquéllos que les rigen buenamente.

Ahora bien, ¿cómo saber que las ideas, conocimiento y creencias, que imperan en la mente son las que deben ser adoptadas en consideración ante una circunstancia dada, la realidad de los hechos de ese momento de verdad;para concebir y ejecutar la decisión correcta que lleve a proceder adecuadamente?

Para hallar las respuestas conviene empezar por admitir lo escrito por Ken Blanchard y Jesse Stoner en "A Todo Vapor": que a veces, al humano le resulta muy doloroso encarar la realidad, pues le es mucho más sencillo aferrarse a sus ilusiones o suposiciones, sobre la manera como quiere que sean las cosas, o le es mucho más fácil engancharse a la ira que siente por los cambios que otros le quieren imponer, o... le es muchísimo más natural el asirse a los estados de ánimo antes mencionados.

Admitir lo anterior puede allanar el camino para interponer otra premisa: la actitud que más conviene asumir es la llamada "personalidad de la impersonalidad" (como lo propuso A. Egea en "Impersonalidad. Una nueva forma de vivir"), que para nada es "no tener personalidad", sino todo lo contrario, pues tal disposición entraña hacer gala de unas condiciones espléndidas y muy determinadas de personalidad que permiten tener esa elasticidad tan amplia que exige no partir de asumir que las ideas propias son las exclusivamente correctas y valederas.

Para facilitar la comprensión de lo planteado en el párrafo precedente, conviene refrescar que Egea afirmó que puede decirse que la personalidad es el brioso caballo sobre el cual cabalga -sin riendas ni silla de montar- la conciencia, constituyéndose una díada donde la mayor potencia puede estar en la personalidad que puede hacer que prevalezcan caprichos y arbitrariedades, donde el mayor perdedor puede ser el poseedor de tal dupla, quien, por no saber imponer su voluntad; termina quedándose con esos sinsabores, sufrimientos, desatinos y desastres que él podría evitar con sólo librarse de la personalidad que al ensordecerle y cegarle, le pueden atar a lo indebido, estancándole, limitando su evolución y entorpeciendo el alcance de la perfección individual; es decir: a su propia esclavitud, sometido al imperio de su condición de "amo".

En todos los casos, lo verdaderamente importante es tener claridad respecto de la visión y la misión, dos herramientas que han de estar regidas por los principios y los valores, representados por los dogmas profundamente arraigados relacionados con la calidad de algo que lo hace deseable o ansiado. Por esto, puede afirmarse que la visión ha de ser clara y precisa y debe basarse en principios y valores superiores que determinen el cómo se ha de cumplir la misión, pues son las únicas referencias radicales que han de existir para permitir la concepción y adopción de decisiones asertivas que siempre estén alineadas con el todo que ha de llevar sanamente hacia el propósito final, buscando el bien común y no sólo en el beneficio de unos cuantos.

Luego de convenir en todo lo anterior se puede pasar a otra consideración: las demás ideas que pueden existir en la mente de cualquier persona, pueden no ser incuestionables, pueden ser caducas, impertinentes, etc.; y esto es algo que debe tenerse bien presente siempre. Ante esto, cabe preguntarse ¿cómo proceder? y la respuesta ante la tríada: "imperio", "amo" y "esclavo" vuelve a ser: ¡SE NECESITA PENSAR ANALÍTICAMENTE Y ACTUAR ESTRATÉGICAMENTE!