SABER DELEGAR
"Los directivos que saben cómo
delegar son capaces de hacer más
que aquéllos que sienten la necesidad
de estar involucrados en todas
las decisiones, sin importar lo
triviales que sean"
L. R. Gómez-Mejías
Entre las competencias que deben
desarrollar los líderes que pretenden ser exitosos están dos que son esenciales: a)
competencia para la gestión del tiempo, la cual implica que para concebir y adoptar
buenas decisiones las personas que ocupan posiciones de lideranza necesitan tiempo para
analizar y comprender el problema y diseñar y ejecutar soluciones creativas. Tienen que
ser proactivos para planificar las actividades y prioridades, por cuanto se emplea mucho
tiempo para que se adopten las decisiones importantes y también para darse cuenta de las
actividades que malgastan tiempo; y b) competencia para la delegación, muchos directivos
internalizan erróneamente que los seguidores no son capaces de desarrollar procesos
mentales para ser asertivos. Los líderes incapaces de delegar se encuentran con
demasiadas tareas y decisiones y con desmedido poco tiempo para hacerlo todo bien.
Un líder exitoso asigna responsabilidades para
conseguir que el trabajo se lleve a cabo. Una incapacidad para delegar conducirá,
probablemente, a una baja motivación de los empleados. Cuando su gente no busca la mejor
manera para hacer las cosas, es porque el líder ha perdido su influencia.
Por las ideas antes expuestas, saber delegar es
esencial en las responsabilidades de todo directivo, hacerlo con eficacia proporciona
ventajas no solamente para quien delega, sino también para la persona a quién se está
comprometiendo con esas funciones, esta habilidad le permitirá al líder obtener los
mejores resultados en todas las tareas que delegue, desde las pequeñas y cotidianas hasta
la ejecución de grandes proyectos. El primer paso para delegar efectivamente es decidir
cuáles atribuciones delegar y elegir la persona adecuada para realizarlas, hasta
reconocer y vencer los obstáculos y prever los riesgos. Estas nuevas realidades
organizacionales en las cuales se fundamenta el "empowerment" tienen que ver
directamente de las técnicas efectivas de motivación, desarrollo y capacitación de los
más cercanos seguidores, forjar lealtades y establecer una franca comunicación que
-juntas- aumentarán la competencia del directivo de delegar inteligentemente.
A medida que las organizaciones se vuelven cada día
más complejas, los deberes y responsabilidades de quienes llevan a cabo las funciones
pueden volverse más difusos. En muchas oportunidades, parece que todos los miembros de la
estructura informal están realizando las tareas y deberes de los demás. Para un
supervisor: ¡delegar es la clave de la eficacia!
Delegar supone confiar una tarea y/u obligación a
otra persona sin dejar de asumir la responsabilidad (el cargo personal, penal, civil y
profesional que deriva de la acción, la omisión, la impericia y la negligencia) de quien
delega. Delegar puede ser desde confiar la dirección de un equipo que desarrollará un
nuevo proyecto y/o producto -se trata de los equipos autónomos de alto rendimiento- hasta
cualquiera de las tareas de menor importancia en la vida cotidiana de toda organización.
Cuando se analizan los componentes de la arquitectura de las empresas, siempre se descubre
una compleja red de autoridades delegadas que suele adoptar la forma de una cadena de
mando. Delegar implica dos mecanismos básicos: autonomía y control. Estos mecanismos "per
se", exigen las respuestas a las siguientes inquietudes: ¿Cuánto poder
puede ejercer el delegado sin consultar con su supervisor inmediato? ¿Hasta cuál punto
el que delega debe ejercer una influencia directa en la actuación de aquél en quien se
delega? Cuando se selecciona a una persona para delegarle, se está evaluando directamente
si determinada persona es capaz de llevar a cabo la responsabilidad delegada con los
recursos -humanos y materiales- del cual se dispone. Una vez designada la persona, el
líder que delegó, debe asegurarse de que aquélla tiene la autonomía suficiente para
realizar la tarea a su modo, tomando en cuenta y respetando las instrucciones iniciales
recibidas e informando regularmente -a quien delegó- acerca de los resultados parciales
que se van obteniendo.
El continuo proceso de delegar es parte necesaria e
indispensable del rol del líder actual. El mismo comienza por un análisis: seleccionar
las tareas que el líder puede ¡debe! delegar. Una vez identificadas, los objetivos y
procedimientos de cada una deben definirse con claridad. Este primer paso sirve para que
el que delega elija a un delegado adecuado y proporcione las instrucciones precisas en el
modo más adecuado: no se puede responsabilizar a nadie de unas tareas imprecisas.
También resulta esencial el establecimiento de los mecanismos ideales de control, pero
éstos deben servir como ayuda y no como interferencia en la ejecución. La fase final del
proceso de delegación es la evaluación. ¿Cómo ha hecho su trabajo la persona en quien
se delegó? ¿Cuáles cambios -por ambas partes- deben implementarse para mejorar los
resultados esperados?
Delegar supone una serie de ventajas. Al
racionalizar el trabajo, el tiempo disponible para realizar las tareas esenciales
propiamente directivas aumenta. El factor gente se siente más motivado y confiado, y el
nivel de estrés contraproducente disminuye. |