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TENER LA INSPIRACIÓN, ¿ES
SUFICIENTE?
"Todos los que estáis aquí
conocéis las notas.
Vuestra técnica es buena, pero
¿podéis hacer que crean en vosotros?"
Yo-Yo Ma (Maestro de violonchelo).
Inmanentemente, todo líder (es decir: todo
"conductor de otro/s") es un visionario, pues quien es incapaz de adelantarse a
su tiempo e imaginar el futuro deseable: ¿hacia dónde puede conducir?
Para facilitar la comprensión de lo que se ofrece
acá, revisemos los versículos del Libro del Éxodo (3; 1-15) donde se narra que cuando
Moisés pastoreaba en el monte de Dios, éste se le apareció como una llama que ardía en
un zarzal que no se consumía con tal fuego (lo cual le asombró y extrañó) y escuchó
que le llamaban y decían: "Moisés: yo soy el Dios de tus padres y he visto
la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores y conozco
bien sus sufrimientos. He descendido para librarlo de la opresión, para sacarlo de esas
tierras y llevarlo a una tierra buena y espaciosa, una donde mana leche y miel",
respondiendo: "Está bien, me presentaré a tu pueblo y le diré que me has
enviado para sacarle de allí y llevarle a otra tierra".
Moisés cumplió lo prometido y motivó a los
judíos -esclavos de Egipto, descendientes de Israel- a prepararse para la partida, pero
el faraón se negó a permitirla, razón por la cual Dios debió mostrarle su poder
(mediante fenómenos y siete plagas) y se permitió la emigración de los israelitas
quienes siguieron a su conductor en su viaje hacia la tierra prometida, atravesando el Mar
Rojo y desiertos, viviendo penurias y muchos murieron por desagradar a Dios al hacer,
murmurar y codiciar cosas malas (así -como advertencia de lo que no se debe hacer- está
escrito en la Primera Carta de san Pablo a los corintios). Entre ello se destaca que,
mientras Moisés subió a la montaña para recibir las Tablas con los Diez Mandamientos de
Dios, les falló la convicción sobre lo propuesto por su líder, juntaron sus prendas y
fundieron un cordero de oro que adoraron dándole la espalda a Dios. Al ver la deslealtad,
Moisés encolerizó y volvió añicos las Tablas contra el suelo, reclamando la pérdida
de la fe y volvió a subir buscando otros tablones.
El análisis de lo anterior muestra varios elementos
imprescindibles de ser muy bien manejados por todo líder: 1°) la profecía ("el
conocimiento del futuro como producto de una inspiración divina", o "la
conjetura que puede estructurarse acerca de arreglar algo por lo observado al respecto de
ello"); 2°) el compartir tal idea-proyecto a otro/s; 3°) que habrá opositores,
traidores y más; 4°) la necesidad de asociarse con otro/s para que aviven la llama
mientras el líder deba separarse de los conducidos por alguna razón, pues
éstos
pueden perder la creencia y hacer lo indebido; y 5°) que para llegar a la meta puede que
haya que padecer penurias y ejercer poder para enfrentar adversidades.
Todo líder que se percate de un conflicto (el
resultado de la brecha entre lo existente y lo deseable) ha de tomarlo para sí, admitir
su existencia y gestionar tal circunstancia del modo más efectivo, eficaz y eficiente:
evitando que se origine un problema. Para que eso sea provechoso, ha de empezar por tener
una idea que contenga la solución y ha de saber que ella nacerá como producto de una
inspiración (una premonición que quizá le sea dada por numen, una de las musas o
deidades mitológicas del paraíso que se encargaba de iluminar la mente de los
hacedores).
Pero tener la idea no basta, ¡debe vender tal
"intangible" a otro que se emocione con ella y que pueda adherírsele y darle su
respaldo: haciéndola suya, sintiéndola propia!, cuidando -al inicio- de no exponerla a
quienes desempeñan los roles organizacionales más altos, puesto que -muchas veces y no
siempre- éstos están cuidando más sus puestos que buscando el cambio: ¡temen que
cualquier movimiento en falso pueda hacerles caer; p. ej.: respaldar una idea
"atrevida" (por usar una palabra elegante)!, la cual -por ende- puede ser
considerada como una amenaza a la estabilidad alcanzada.
Entonces y dentro del campo de influencia del
conflicto, conviene buscar un "aliado" (mejor si se convierte en un "socio
co-fundador"). Sí, sólo "uno": ¡un adepto! Al lograrlo, se habrá
avanzado bastante, pues
¡ya son dos los que están embelezados con la misma idea!
Al enamorarse de ella, se entusiasman y se relacionan: se implican y comprometen, y no hay
otra salida: empiezan a trabajar sinérgicamente, estudiando y probando: se crea un
laboratorio experimental -un terreno de juego perfecto- en donde se busca la mejora
continua mediante ensayos promisorios en aras de la excelencia, alcanzando resultados
(pequeño logro = gran triunfo, ya que la idea-proyecto deja de ser sólo un intangible,
porque empieza a tener un algo perceptible), escribiéndose así un historial de confianza
y de credibilidad que atrae magnéticamente; al demostrarlo, otros se sumarán,
originándose un ejército de cómplices, y
el campo de acción crece al igual que
la fuerza intrínseca de la idea, sin que aún se haya notificado a "los de
arriba".
Ahora, al ser varios los que pueden testimoniar el
logro posible, se puede empezar a pensar en divulgar a los demás lo alcanzado: incluso al
que ocupa el puesto más pequeño o bajo en la organización, porque a todos afectará la
implementación de la idea-proyecto. Es posible que para comunicarlo el líder deba
separarse del conjunto humano que le sigue, pero -para evitar el riesgo de lo indeseable-
podrá dejar a su socio co-fundador influyendo sobre los cómplices, animándoles a
proseguir, consolidando su fe, pues ningún flanco puede quedar indefenso, porque todo se
reduce a una cuestión de "actitud" y esto debe ser conocido y previsto por todo
buen líder: que unos estarán incondicionalmente a favor de la idea-proyecto y jamás
renunciarán (como lo hizo el apóstol Juan, hijo de Sebedeo), que habrá traidores
(recuérdese lo de Judas Iscariote), que otros negarán su participación en el movimiento
(como lo repitió el apóstol Pedro antes de cantar el gallo), y que otros desfallecerán
o se ocultarán (revísese la conducta de los demás apóstoles luego de la captura de
Cristo en el "Monte de los olivos").
Dentro de este contexto de situaciones, el líder ha
de saber que él tiene poder. Por ende, hay que conocer de poder y las leyes que lo rigen
para aprovecharse de él útilmente para llegar a la tierra prometida (a donde conviene
llevar a la organización y su gente) en aras -siempre- de lo mejor, admitiendo que para
ello se deberá trabajar mucho, dando demasiado de sí, enfrentando calamidades y peligros
por doquier, todo lo cual debe ser "pre-visto" por el líder. |
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