EL GRAN RETO DEL PRESENTE SIGLO:
GESTIONAR REALIDADES CONCRETAS

"Hoy, se puede afirmar que el mundo
de las empresas es más complejo que
el que tenían nuestros padres, pero
también podemos sostener que el
futuro será aún mucho más difícil
que el creemos conocer hoy"
F. Riveri

Así como la economía globalizada se ha extendido con muy buenos resultados a través de los cinco continentes de este planeta tierra, también los clientes -la razón fundamental de la existencia de las organizaciones- se han distribuido por el mundo, adoptando estilos de exigencias que antes eran insospechables, como por ejemplo: tienen la intrepidez de reclamar hasta la saciedad mejores niveles de calidad en los productos (bienes o servicios), y no contentos con esta pretensión también reclaman menores precios. A pesar de estas nuevas reglas y normas del juego económico mundial, el acabóse de lo anterior es que pareciera ser que los competidores (establecidos en los diferentes segmentos del mercado) están dispuestos a incrementar la valía económica de sus empresas para sus inversionistas. Además de las realidades expuestas anteriormente existe una gran propensión por los usuarios terminales tendente a transformar en provecho personal los productos acabando de esta manera toda la renta esperada del esfuerzo por diferenciar los productos de cada empresa.

Todos estos violentos y transformadores cambios representan un gran reto para los líderes empresariales, por cuanto -por una parte- deben aprender a administrar realidades muy concretas, y -por la otra- tener una indeclinable voluntad para diseñar y crear nuevos escenarios organizacionales que deben ser exitosos. Este gran esfuerzo de sobrevivencia empresarial, independientemente del tamaño del sector donde esté ubicada la organización tiene que ser reafirmado por medio de la praxis de una filosofía constante de estimulo hacia la creatividad y la innovación en términos de su identidad (la cual debe tener mucha coherencia con la visión de futuro de la organización), ratificando los contenidos de su credo organizacional -sus valores y principios-, los cuales deben ser el "Este" ( el único punto cardinal que sirve para la orientación; por ello también se llama "oriente") para concretar el sueño y clarificarlo y, -a la vez- diseñar y ejecutar la mejor estrategia de mercadeo para garantizar el nicho de su posicionamiento en el respectivo segmento del mercado.

Pero los cambios que están ocurriendo en todos los escenarios sociales, incluyendo -por supuesto- a los organizacionales, con la incertidumbre reinante, hace que los líderes empresariales siempre estén valorizando no solamente su posición en el mercado, sino que (desde el punto de vista filosófico y conceptual) también se mantengan revisando los fundamentos de su credo organizacional en aras de intentar constantemente responder a la siguiente inquietud: ¿tiene la empresa suficiente integración y pertenencia, de modo que la creación de valor pueda ser reafirmada y sostenida en el futuro? Hoy día,. los empresarios están convencidos que el único camino expedito para agregar valor al producto final es la calidad de su gente y dicha calidad depende directamente del conocimiento actualizado que tengan los miembros de su estructura informal el cual debe ser utilizado en el momento oportuno, para hacer todas las nuevas cosas que se tienen que hacer antes de que las haga la competencia. Con esta nueva perspectiva organizacional el talento -capital humano- es la herramienta gerencial que garantiza el valor agregado; en consecuencia, los proyectos de formación y capacitación -en las organizaciones exitosas- se conciben como una inversión de capital y no como era concebido anteriormente como un gasto (sobre todo por las empresas del sector de la pequeña y mediana industria). El capital intelectual es la única vía de desarrollo y de reafirmación de las ventajas competitivas y de convertirse -inclusive- en la columna vertebral de la sustentabilidad de la organización.

Por lo tanto, hay que reconocer que los responsables del éxito organizacional tienen que estar en un proceso de reflexión continua sobre estos apasionantes temas del rediseño organizacional al tener la necesidad de diseñar e implementar innovadores conceptos de gestión que permitan sugerencias en cuanto a la decisión que hay que concebir y adoptar respecto a modelos organizacionales que tengan mayor capacidad de respuesta en el menor tiempo posible; es decir, la nueva arquitectura y estructura que se recomienden tienen que ser más ágiles e integradas, debiendo garantizar un sistema taxonómico entre las diversas unidades internas de la organización.

Esta innovadora arquitectura y estructura organizacional condiciona los estilos decisorios de los niveles estratégicos y tácticos. Exigiendo incorporar a las formas de gestión un fuerte compromiso con los resultados esperados, generando en todos los niveles jerárquicos una ambición de pertenecer a un equipo ganador. Estos nuevos componentes empresariales requieren incluir -como práctica habitual- el sentido de la urgencia y lo importante en las decisiones que haya que concebir y adoptar; es decir, garantizar a como dé lugar la asertividad en todas las actuaciones gerenciales y también buscar un nuevo equilibrio riesgo-renta que tenga como Norte el crear valor progresivamente en el tiempo. Para lograr esto se necesita descentralizar las decisiones y el poder, lo cual hace que este nuevo tipo modelo organizacional, por medio de las relaciones matriciales de sus unidades de negocios, pueda tener la mejor y oportuna respuesta a las fluctuaciones del mercado, tanto de proveedores, como de competidores. Este tipo de organización incorpora la lógica "cliente-servidor"; así como también poder disponer de traspaso de precios, influir sobre la demanda interna en términos de bienes y servicios que inciden directamente sobre el costo agregado del producto final.

Los resultados de las investigaciones sobre las organizaciones, o por lo menos muchos de ellos, parecen estar dentro de una de las dos categorías, cada una de las cuales tiende -en el mejor de los casos-, a ignorar a la otra y, en el peor de los casos, niega la importancia de la otra.