ESTRATEGIAS DEL FACTOR HUMANO


“La única manera de mejorar el rendimiento
empresarial es situar el Factor Humano en
el centro mismo de la adopción
de las decisiones estratégicas”
L Gratton

La administración del factor humano en las organizaciones es una acción básica, sobre todo las que tienen una categoría mundial de primera línea, en donde lo han aprendido muy rápidamente y lo han puesto en práctica, pues -para que una estrategia empresarial esté viva y produzca resultados- los integrantes de la estructura informal deben comprenderla y sus creadores, a su vez, deben justipreciar en todas sus dimensiones a la gente.

Los líderes de estas organizaciones triunfadoras han logrado el éxito por cuanto han sabido gestionar a cabalidad la idea expresada en el párrafo anterior; es decir: han sabido situar a las personas en el centro de la estrategia de la empresa, es decir la persona adecuada en el sitio adecuado.

¿Por qué algunas empresas han tenido éxito y otras no? ¿Cómo logro HP mantener un crecimiento del veinte por ciento anual durante diez años? ¿Cómo hizo Glaxo Wellcome para lanzar más rápidamente sus productos al mercado por medio de una reducción significativa de su ciclo de desarrollo? ¿Qué hizo Motorola para conservar su elevada tasa de crecimiento en China? Todas éstas han sido realidades cumplidas en diferentes partes de esta aldea planetaria. Todas tenían un elemento en común: valorizar objetivamente y reconocer la actuación sobresaliente del factor humano. Si las preguntas anteriores se hubiesen planteado en las décadas de los cincuenta o sesenta del siglo anterior, la respuesta para todas ellas incluiría lo que se apreciaba como fundamental en ese entonces y sería: “Habían logrado sus éxitos porque poseían el capital financiero necesario para asegurar su nicho de mercado en su respectivo segmento”.

Los líderes de estas empresas victoriosas están conscientes que las nuevas fuentes de la ventaja competitiva sostenida de las empresas se centran en el factor humano, en su creatividad y en su talento, es sus aspiraciones y esperanzas, en sus sueños y en su entusiasmo. En esta era de una gran y compleja competencia, las organizaciones que prosperan lo alcanzan así porque logran brindar significado y sentido a su gente, mediante la creación intencionada de un entorno y un marco que estimula al florecimiento y al aumento del potencial individual, por medio de la herramienta gerencial de la delegación de la facultad para hacer la tarea (“empowerment”).

Para algunos líderes o capitanes de empresas, la idea que las personas están en el centro de las organizaciones triunfadoras es absolutamente axiomática, algo que para los “seudo-líderes” es una idea sospechada intuitivamente en lo profundo de ellos; mientras que los líderes autocráticos piensan que el “personal” no es esencial para el éxito (siendo menester resaltar que el calificativo “personal” se ha quedado relegado al escenario militar, donde cada sujeto apenas es una ficha y nada más, no es una “persona” o “ser importante”; al punto que si muere se contabiliza como “una baja”: una pérdida). Sin embargo, los expertos en desarrollo organizacional y comportamiento humano están plenamente convencidos de que lo que hace a las grandes empresas es… ¡la gente! y al mismo tiempo han descubierto que al colocar a las “personas” en el centro de las decisiones empresariales se debe evaluar hasta qué punto es humano este recurso.

A través de la literatura y de las vivencias adquiridas en la vida profesional se está convencido del papel cardinal del factor humano en el triunfo organizacional. Colocar a la gente en el centro del éxito influye en la manera en que se piensa sobre la empresa y en lo que se hace en ella. Este asunto radica en estimular a las personan que piensen, de esta estrategia se derivan los tres principios básicos de la cualidad humana: que funciona en el tiempo; que busca significados y que tiene alma. Esta realidad trae como consecuencia el desarrollo de un conjunto de capacidades organizacionales y de gestión que refuerzan estas series de principios; entre los que se pueden mencionar figura en primer lugar: la creación de una estrategia viva centrada en las personas. Las capacidades que desarrolla el primer principio (los humanos funcionan en el tiempo) son: crear capacidades de visión; desarrollar capacidades de previsión y crear capacidades estratégicas. Mientras que las capacidades del segundo principio (buscan significado) son: desarrollar capacidades de diagnóstico; crear capacidades sistémicas y adaptativas. El tercer principio (tienen alma) estimula las siguientes capacidades: desarrollar funciones emocionales; producir confianza y establecer el contrato psicológico (compromiso).

La implementación de estos principios representa un gran cambio en la gestión empresarial, que exige respeto por el pasado y la capacidad de construir fuentes para el futuro. Requiere comprender el significado que tiene la empresa y cómo se puede crear y potenciar. Además, gestionar eficazmente la inteligencia emocional y el reordenamiento de los procesos y modelos mentales, que la empresa brinde a la gente la oportunidad sincera de hablar y de ser escuchada –no oída– para que disfruten ambas (empresa y personas) de diferentes opciones, donde la gente sea tratada de manera justa y digna: como “personas”.