Una de las responsabilidades más
importante de las organizaciones es el estímulo al conocimiento, por cuanto cada persona
tiene una serie de metas y objetivos que tratar de satisfacer en forma consciente o
inconsciente. Alcanzarlas, representa el logro de su propio auto-desarrollo. Esta
intención no es causada por fuerzas externas, sino que es determinada internamente,
basada fundamentalmente por el conocimiento que las personas tenían de sus propias
fortalezas y debilidades y, su intención de querer desarrollarlas, bajo cualquier
ambiente.
Las organizaciones inteligentes con visión de futuro, estimulan
siempre un ambiente que ayuda al individuo en lo posible a aislarse de las fuerzas
sociales que lo condicionan y limitan en el propósito de establecer cuál sería la ruta
de actualización y el "costo" que debe pagar al decidirse por una determinada
orientación u opción. Dentro de estas realidades, el departamento de Adiestramiento y/o
Desarrollo de Personal, tiene que eliminar los obstáculos que impiden en la empresa la
consecución de los objetivos propuestos, por supuesto, siempre y cuando el proceso de
desarrollo personal no vaya en contra de las metas estratégicas organizacionales.
De acuerdo con L. Schvarstein (1992), define la organización
convocante de la siguiente forma:
En consecuencia aprender en estas circunstancias significa tener la
posibilidad de conceptualizar la experiencia vivida, de rescatar la vivencia y el monto de
afecto que en ella se juega para permitir identificar lo que allí está presente
convocando al sujeto productor.
Expuestos los conceptos iniciales del desarrollo y de la organización
son por lo general algo abstracto, vago y casi intangible, orientados siempre por los
niveles estratégicos organizacionales. Estos lineamientos de aprendizaje se hacen muy
lejanos para cada miembro de la organización y en general no tienen un sentido real para
los trabajadores, que laboran en las diferentes áreas de las empresas. El desarrollo de
estas ideas, nos han llevado a tener como referencia permanente, de manera explícita o
implícita, la contradicción que se estable entre las necesidades individuales y de la
organización, contradicción que a lo largo de tiempo se ha "vestido" de
diferentes ropajes. Tal vez el lector de este espacio por el sentido del último
"ropaje" se extrañe. En efecto, la autonomía, la incertidumbre, la
flexibilidad y el libre albedríos de un sujeto capaz de ejercer una critica de su vida
cotidiana resulten extraños al orden de la organización, son para ella desorden. El
trabajador es, para la organización: un inconsciente.
El proceso de integración entre el trabajador y su empresa
conduce a que el primero realice plenamente sus expectativas laborales en el puesto mismo
de trabajo que desempeña. Esto significa la satisfacción con el trabajo en sí y con
todo lo que él representa: su remuneración, al ambiente, el buen trato, las
posibilidades de participación, de ascenso, de creación, etc.
Las unidades organizacionales responsables de los programas de
desarrollo de personal, deberán aprender a administrar en muchos casos la imposibilidad
de lograr la total integración entre trabajadores y empresa, pues muchos de los primeros
no encontrarán satisfacción en el desempeño de sus responsabilidades y no les quedará
más alternativa que considerar su estadía dentro de la empresa como el precio que deben
pagar para satisfacer sus necesidades de sobrevivencia.
Para los programas de desarrollo de personal constituye un reto
permanente, la dificultad de no poder hacer perfectamente congruentes las necesidades de
desarrollo del trabajador con las necesidades que le brinda el cargo que desempeña en una
organización determinada.