EQUIPOS DE TRABAJO EXTRAORDINARIOS

"¿Por qué hemos malentendido y
asignado un papel poco apropiado
a los seguidores, suponiendo
equivocadamente que los líderes
son la única fuente del
poder y el éxito?"
R. Kelley

El planteamiento de la pregunta que encabeza este escrito es importante, para así tratar de alejarse de las zarpas de los estereotipos organizacionales. Sólo entonces se podrían establecer relaciones en el mundo organizacional orientadas a la maximización de la productividad, la competitividad y la satisfacción de todos. Bajo esta perspectiva se puede construir una nueva definición del seguidor; un significante que caracterice a los seguidores como gentes de la más absoluta competencia y como socios numerarios de la organización. Parte de este ejercicio intelectual radica en exteriorizar tanto los supuestos de la cultura organizacional como las limitaciones del liderazgo y su mitología. Pero esta intención es solo la mitad de la lucha. Este objetivo es tan importante como es derribar el mito del seguidor negativo.

 

Cuando Bertrán de Jouvenal pronunció la siguiente frase: ¡UNA NACIÓN DE BORREGOS ENGENDRA UN GOBIERNO DE LOBOS! (Alerta Venezuela), su intención era describir cómo seguidores y líderes se hallan estrechamente abrazados en dramático baile. A decir verdad, siempre lo han estado. En la sociedad de la era industrial, el estereotipo negativo del seguidor estaba firmemente enraizado, formaba parte de todos los actores de los escenarios organizacionales. Pero en esta sociedad de la información en donde el conocimiento es el combustible de todos los procesos, los seguidores ocupan un lugar de mucha relevancia en el mundo empresarial. El "empowerment" (Facultación), herramienta estratégica de la gestión gerencial posmodernista tiene tres elementos claves a fortalecer: el primero se refiere a las relaciones: Las relaciones que se mantienen con la gente deben poseer dos atributos fundamentales: ser efectivas para el logro de los objetivos y sólidas, es decir que se mantengan en el tiempo; el segundo hace hincapié en la disciplina: la gente tiene que trabajar en orden en un sistema estructurado y organizado, determinando perfectamente el alcance de las funciones de la gente, sus responsabilidades y sus funciones y el tercer elemento es el compromiso, el cual debe ser congruente y decidido en todos los niveles, pero promovido por los líderes y los agentes de cambio. Para implantar este sistema en cualquier organización es necesario que haya un cambio en la cultura de trabajo, y para esto es necesario que se aprenda a trabajar eficientemente en equipos autónomos de alto rendimiento. Para afianzar este modelo de gestión gerencial por medio del liderazgo participativo hay que concentrarse en el qué, es decir, los comportamientos o tareas específicas que realiza el líder para dirigir, administrar, motivar y mejorar el desempeño del equipo.

De manera casi imperceptible, este modo nuevo y distinto de administración de personal ha tomado forma y cuerpo en el mundo organizacional. El trabajo en equipos autónomos de alto desempeño ha reemplazado al decadente y opuesto planteamiento que existe entre la mano de obra y la gerencia, y que pone en peligro la competitividad de muchas empresas. De acuerdo a las estadísticas de los investigadores sociales esta nueva modalidad se ha venido reafirmando día a día. Es la única herramienta por medio de la cual se puede garantizar el éxito organizacional.